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LAS ACTRICES SE REENCONTRARON EN LA CASA AZUL DE FRIDA KAHLO CON FANS Y MEDIOS, MARCANDO EL INICIO DE LA PROMOCIÓN DE "EL DIABLO SE VISTE A LA MODA 2" CUYO ESTRENO SERÁ EL PRÓXIMO 30 DE ABRIL

CIUDAD DE MÉXICO.- La gira de prensa de la película "El diablo viste a la moda 2" arrancó en la Ciudad de México con una parada cargada de simbolismo: El Museo Casa Azul de Frida Kahlo.
Desde este espacio icónico, las actrices Meryl Streep y Anne Hathaway se reencontraron con artistas, fans y medios, marcando el inicio de la promoción de una de las secuelas más esperadas del cine, cuyo estreno será el 30 de abril de 2026. A esta cita también asistieron las reconocidas y talentosas actrices mexicanas Regina Blandón y Yalitza Aparicio.
Más allá del momento cinematográfico, el verdadero guiño estuvo en la moda: ambas actrices demostraron que el universo de la revista Runway sigue más vigente que nunca, incluso fuera de la pantalla.
Para esta aparición, Anne Hathaway apostó por un vestido negro Schiaparelli de líneas limpias que se eleva gracias a un elemento clave: un aplique dorado escultórico al centro. La pieza, lejos de ser un simple detalle, funciona como punto focal y rompe con la sobriedad del look, aportando una narrativa visual mucho más editorial.
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El diseño se complementa con una silueta fluida y movimiento en la falda, logrando un equilibrio entre estructura y ligereza. A esto se suman gafas oscuras de inspiración retro y labios en tono rojo profundo, un guiño directo al ADN sofisticado del personaje de Andy Sachs en su versión más evolucionada.
Por su parte, Meryl Streep reafirmó su estatus como ícono absoluto de estilo con un traje sastre en rojo vibrante. La elección no es casual: el color proyecta autoridad, presencia y seguridad, cualidades inseparables de Miranda Priestly dentro y fuera de la ficción.
El conjunto se complementa con una blusa con lazo al cuello, aportando un aire clásico y refinado que recuerda al tailoring tradicional europeo. Los accesorios -gafas oscuras y joyería discreta- refuerzan una estética pulida, donde cada elemento está perfectamente medido.
El look se eleva con un detalle sutil pero significativo: una flor roja colocada en el cabello, que no solo dialoga con el resto del estilismo, sino que también conecta con el contexto cultural de la Casa Azul. Este guiño aporta un contraste interesante entre el power dressing estructurado y una sensibilidad más artística y local.
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