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Delirium Pollum encuentra lo extraordinario en lo cotidiano

De la creadora Andrea Christiansen, la obra es una propuesta de clown y pantomima

Por Estrella Govea PULSO

Octubre 04, 2026 03:00 a.m.

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La obra de Andrea Christiansen, Pimpolina, se presentó en el Teatro de la Paz, una propuesta de clown y pantomima que prescinde de las palabras para construir una historia a partir de objetos, gestos, música e imaginación.

Una mesa, algunos utensilios domésticos y un pollo crudo pueden parecer elementos comunes, pero en el universo de Pimpolina nada permanece exactamente como se espera.

En Delirium Pollum, la realidad cotidiana se altera a partir de la imaginación de una payasa que convierte los objetos de su entorno en parte de una historia donde las fronteras entre lo real y lo imaginario comienzan a desaparecer.

La obra, creación de Andrea Christiansen y bajo la dirección del canadiense Gervais Gaudreault combina teatro, pantomima y clown, sin recurrir al lenguaje hablado.

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LOS OBJETOS CAMBIAN DE SIGNIFICADO

Para Christiansen, el punto de partida de Delirium Pollum está en el encuentro entre distintos lenguajes escénicos y en una utilización simbólica de los objetos. Pimpolina se encuentra en casa mientras realiza tareas cotidianas, pero su imaginación modifica de manera constante aquello que la rodea.

Uno de los momentos centrales ocurre cuando la payasa intenta cocinar un pollo crudo. El animal cobra vida y termina dando a luz unos cubos de consomé. A partir de esta situación absurda, se desarrolla una historia en la que un objeto puede convertirse en algo distinto y cada acción abre una posibilidad inesperada.

La lógica del clown permite, según Christiansen, invertir el orden habitual de las cosas. En lugar de elegir el camino directo, el personaje busca alternativas inesperadas. Una puerta deja de ser necesariamente una entrada y un objeto puede adquirir una función completamente distinta.

"En esta búsqueda de un camino diferente es donde va encontrando cosas que producen el humor y la risa", explica la creadora. Para ella, ese proceso también permite redescubrir los objetos y mirar aquello que forma parte de la rutina desde otra perspectiva.

CONTAR UNA HISTORIA SIN PALABRAS

La ausencia de diálogo obliga a que la narración ocurra mediante el cuerpo, los objetos, las acciones y las emociones. Christiansen señala que no existe una fórmula única para construir este tipo de relato, pero sí una actitud creativa frente a los elementos que aparecen en escena.

El personaje establece un contacto emocional con el público a través de sus acciones. La música también tiene una función narrativa: acompaña los movimientos de Pimpolina y ayuda a completar el sentido de aquello que ocurre frente al espectador.