El arte de nombrarse
Las obras de Gema López y Yolanda Arvizu en "Artistas, no musas" parten de vivencias personales, emociones y reflexiones sobre la identidad femenina
Galeria
PARTE 1
Las obras de Gema López y Yolanda Arvizu en Artistas, no musas parten de vivencias personales, emociones y reflexiones sobre la identidad femenina.
En un mismo espacio convergen miradas, técnicas y experiencias distintas. La exposición Artistas, no musas reúne a 58 creadoras que trabajan desde lenguajes diversos, pero con un punto en común: asumir el arte como un espacio de enunciación propia.
La muestra forma parte del Festival de Creadoras Visuales y se presenta en las galerías del Centro de Difusión Cultural "Raúl Gamboa", donde el conjunto de obras dialoga desde múltiples perspectivas. Algunas piezas parten de procesos introspectivos; otras exploran la memoria o la relación con los objetos cotidianos.
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RECLAMAR LA AUTORÍA
Para Alaide Peña, curadora de la muestra y promotora del festival, ese cruce entre lo personal y lo colectivo es precisamente uno de los sentidos de la exposición. La curaduría parte de una reflexión sobre los procesos creativos de las mujeres y sobre la necesidad de ocupar el lugar de autoras dentro de la historia del arte. Desde esa perspectiva, el título Artistas, no musas funciona como una declaración: una forma de cuestionar el papel tradicional que durante siglos relegó a las mujeres a ser inspiración o modelo, pero no necesariamente creadoras.
Para Peña, el festival y la exposición funcionan también como una red de diálogo entre creadoras que comparten inquietudes, procesos y preguntas sobre su práctica.
Frente a ello, la exposición plantea un cambio de mirada donde las artistas se sitúan como productoras de sentido, como creadoras que reflexionan sobre su propia experiencia y sobre el contexto que las rodea. En ese sentido, el proyecto funciona tanto como plataforma y espacio de intercambio entre mujeres que trabajan en las artes visuales.
LA REINTERPRETACIÓN DEL SENTIR
En la exposición Gema López presenta un dibujo titulado "Flor, espina" y la escultura en cerámica "Love", que parten de una dimensión autorreferencial. Su trabajo se construye a partir de vivencias y estados emocionales específicos —como la tristeza, el duelo, el amor o el dolor— que encuentra en la práctica artística una vía para ser reinterpretados.
Para la artista, crear ha sido una forma de procesar aquello que la atraviesa y que, en ocasiones, resulta difícil de expresar con palabras. Desde esa perspectiva íntima, su obra se nutre de lo cotidiano y de las experiencias personales que dan forma a su lenguaje visual.
"Para mí la creación artística siempre ha sido un modo de reinterpretar aquello que me atraviesa", explica. Aunque las dos piezas se presentan de manera independiente, ambas forman parte de una misma línea de trabajo centrada en lo emocional y lo cotidiano.
OBJETOS, MEMORIA E IDENTIDAD
En el caso de Yolanda Arvizu, la obra presentada "Anatomía de un recuerdo" se construye a partir de la relación con objetos vinculados a la feminidad. A través de ellos, la artista reflexiona sobre la manera en que ciertos ideales y expectativas sociales han moldeado históricamente la experiencia de ser mujer.
"Me interesa la relación que tenemos con los objetos y cómo estos nos ayudan a la construcción de ideales", comenta.
Su pieza funciona como una especie de inventario simbólico que invita a cuestionar esas construcciones. En ese proceso aparece también una pregunta más profunda sobre la identidad. "¿Qué me hace ser mujer? ¿Cuál es mi experiencia siendo mujer?", plantea.
DIÁLOGO FEMENINO EN EL ARTE
En conju nto, las obras y el labor de estas artistas muestran cómo la experiencia personal puede convertirse en un punto de partida para la creación, pero también en una forma de diálogo con otras mujeres que comparten inquietudes similares.
Dentro de Artistas, no musas, cada pieza se suma a una conversación más amplia sobre lo que significa crear, habitar el arte contemporáneo y asumir, desde distintas trayectorias, el lugar de autoras, trasciende la exhibición de técnica para convertirse en un ejercicio de justicia histórica y autorreconocimiento.
Al habitar este espacio colectivo, las creadoras no solo presentan piezas; comparten el proceso político y personal de reclamar su propia voz y transformar lo que antes era aislamiento en un diálogo común.
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