HERMANA LUNA

Hace más de 4,600 millones de años, cuando nació nuestra querida estrella llamada Sol en su maternal nube planetaria, junto con sus muchas estrellas hermanas. Cada una también dio origen a muchos planetas, sin embargo, uno de ellos, la Tierra, aun no tenía luna. En ese tiempo turbulento también orbitaban alrededor del Sol decenas de otros cuerpos planetarios. Estos planetoides acrecionaban, crecían, chocando entre ellos, atrayendo fragmentos de roca y metales, asteroides, meteoros, cometas...
Toda esta pedaceria cósmica, caía y se derretía, sus elementos y metales como el hierro y níquel se hundían profundamente en el magma; compuestos como óxidos de aluminio o silicio o flotaban en la roca fundida, liberando gases y vapor de agua. Así, cuando los planetas empezaron a enfriarse, se habían formado capas en su interior: núcleos, mantos y cortezas. Cada mundo era como un enorme huevo, cuya yema era el núcleo, la clara el manto de roca fundida y la cascara, la tibia y delgada corteza de roca. Cuando esta débil cascara se resquebraja, escapa algo del magma ardiente del interior y se forman volcanes.
La Luna, de 3,476 km de diámetro está a 384,000 Km de distancia. Dentro de su disco cabe perfectamente la República Mexicana. Algunos cráteres abarcarían ciudades y los oscuros "mares" extensos como estados.
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La mayoría de estos recién nacidos planetoides, con sus irregulares orbitas, caían al Sol consumiéndose u otros escapaban al espacio. Ocurrió por ese tiempo que un planetoide errático del tamaño de Marte, colisiono con la muy joven Tierra. El impacto no fue directo; cayo en forma oblicua y gran parte de material fue lanzado al espacio o quedo orbitando alrededor de nuestro vapuleado planeta. La gravedad volvió a reunir los fragmentos y se originó nuestro satélite.
Los alunizajes del programa Apolo, hace más 50 años, permitieron traer muestras de rocas e instalar instrumentos en la superficie selénica. Los sismógrafos, al igual de un ultrasonido maternal, permiten observar el interior mediante el rebote diferencial de ondas, sonoras o sísmicas. Se verifico que el núcleo lunar es diminuto comparado con el terrestre y al analizar su composición rocosa se la encontró muy similar a la corteza de nuestro planeta; sugiriéndose que son mundos hermanos y que nuestro satélite se habría originado de una colisión primordial. Tan catastrófico evento cambio a nuestro planeta, pero le dio un enorme satélite natural, que más adelante, favorecería la aparición de la vida y protegería la evolución de las especies del tan violento universo en el que vivimos.

Cada joven planeta era una masa líquida de lava incandescente por el calor generado por tan violentos impactos. Los elementos pesados y metales como el hierro y níquel se hundían para formar un núcleo metálico.
¡Todos los seres vivos le debemos mucho!... Para empezar, la luna resulto un buen portero de fútbol, pues ataja la mayoría de los tiros de asteroides o cometas que se acercan al Sol y podrían impactarnos. Así, lo evidencian los miles de cráteres en su superficie. A veces si le hacen un gol, como el de Chicxulub en Yucatán, el cual elimino a los dinosaurios hace 66 millones de años. Nuestro satélite también sirve como balancín estabilizando la rotación de la Tierra, evitando disruptivos bamboleos.
Recién formada la luna estaba apenas a unos 25,000 Km de la Tierra y su enorme disco, que ocupaba gran parte del cielo y producía mareas gigantescas como tsunamis, cada noche el mar avanzaba sobre regiones enteras de los continentes y cada día se retiraba deslavando montañas y valles; concentrando en el mar sustancias importantes para la vida.

Hace 4,500 millones de años, en el recién formado sistema solar orbitaban un centenar de protoplanetas. Uno de ellos llamado Thea chocó con la Tierra y de los restos se formó la Luna.
La ligera iluminación durante las diferentes fases lunares ha favorecido la evolución de visión nocturna en diversas especies, que han desarrollado una membrana en la parte posterior del ojo (tapetum lucidum), que refleja la luz que pasa por la retina. utilizándola nuevamente mejorando la capacidad de visión nocturna. La Luna llena parece enorme cuando se asoma en el horizonte, es solo una ilusión óptica. Como nuestro cerebro, para dimensionar objetos siempre compara con otros cercanos conocidos, a veces se confunde. ¡Que vacío y triste se vería el cielo sin nuestro satélite consentido!
La Luna aun guarda grandes enigmas y sorpresas. Se ha encontrado bajo su superficie una enorme masa de hierro, que aun guarda magnetismo. ¡También se ha encontrado agua! Congelada en la profundidad de unos cráteres cerca del polo sur, donde por miles de millones de años nunca ha llegado la luz del Sol que derritiera o sublimara ese hielo. Cerca de allí alunizaran las próximas nuevas misiones con astronautas, para obtener ese preciado líquido. Esperemos que ahora más que una competencia geopolítica por prestigio nacional o sistema económico, las nuevas misiones traigan beneficios reales al espíritu de aventura y más avances científicos para la humanidad.
El impacto del pequeño planeta Theia lanzó fragmentos a la órbita de la Tierra que luego se condensaría para formar la Luna.
Hay quienes piensan que la llegada del hombre a la luna fue un fraude, una falsificación cinemática, propagandística. Yo los comprendo: en la sociedad actual vivimos envueltos en mentiras; de los políticos, de la propaganda, de las noticias y redes sociales; hasta las mismas imágenes que vemos son engañifas de la tecnología; cuanto más podría serlo tal evento, una hazaña aparentemente casi imposible. Sin embargo, la llegada a la Luna si fue cierta, un buen proyecto, organización, humanos capaces y valientes se arriesgaron y lo hicieron...varias veces; manteniendo viva la esperanza que los humanos aun podemos hacer nuestros sueños realidad; y solo por eso ya valió la pena.
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