8 de marzo
En vísperas del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, vale la pena escuchar algunas voces que rara vez ocupan el centro del debate público. Una de ellas es la de Sayuri Vidales Estrada, activista potosina por la inclusión de las personas con discapacidad y actual consejera ciudadana de la Comisión Estatal de Derechos Humanos de San Luis Potosí.
Su historia no solo habla de derechos humanos; también habla de identidad, de dignidad y de la forma en que muchas mujeres han tenido que aprender a habitar un mundo que, durante mucho tiempo, no fue pensado para ellas.
Para comprender mejor esa experiencia, vale la pena hacer algo poco común en las columnas de opinión: cederle la palabra. Las líneas que siguen recogen, en su propia voz, la reflexión que Sayuri comparte sobre lo que significa ser mujer y habitar el mundo desde su historia personal.
[""] Se acerca el Día Internacional de la Mujer y me encuentro pensando en lo que significa habitar el mundo siendo mujer. Al ser una mujer con discapacidad, crecí normalizando muchos estereotipos sobre lo que significa ser una ´verdadera´ mujer. Durante mucho tiempo sentí que no encajaba, como si habitara un mundo que no estaba hecho para mí.
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A veces las personas creen que saben quién eres, qué necesitas o hasta dónde puedes llegar antes incluso de escucharte. Muchas de esas ideas nacen de la sobreprotección o de la costumbre, pero terminan convirtiéndose en etiquetas que una aprende a cargar sin darse cuenta.
Con el tiempo también aprendí algo importante: ser mujer es aprender a nombrarse. Entender que muchas de las cosas que sentimos no nos pasan solo a nosotras. Hay experiencias que se repiten, silencios que muchas mujeres comparten y preguntas que aparecen en distintos lugares.
Quizá por eso he aprendido a mirar con verdadera empatía lo que viven otras mujeres. He escuchado historias que duelen, pero también historias de una fuerza inmensa. Mujeres que siguen adelante aun cuando el mundo parece empeñado en ponerles obstáculos; mujeres que levantan la voz incluso cuando nadie parece dispuesto a escuchar.
A veces pienso que de eso se trata este movimiento: de detenernos un momento para reconocer todo lo que hay detrás de cada mujer. Sus luchas visibles y, sobre todo, las que casi nadie ve. Sus dudas, su valentía y sus distintas formas de abrirse camino.
Cuando pienso en el 8 de marzo no lo hago solo desde mi historia personal. Pienso en las mujeres que marchan, en las que ruedan, en las que levantan la voz desde distintos espacios. Pienso en las que todavía están encontrando su voz y también en las que, aun con miedo, ya empezaron a usarla.
Si algo he entendido habitando el mundo desde mi propia historia es que ningún derecho se vuelve real mientras deje a alguien fuera. Por eso sigo creyendo en algo muy simple: en mirarnos con dignidad, escucharnos con respeto y construir un mundo donde cada mujer pueda existir plenamente, sin tener que explicar por qué merece el lugar que ocupa".
carloshernandezyabogados@gmail.com




