Arboledas
Llegó una guapa mujer a la barra del Bar Ahúnda y pidió una copa de tequila. Eso no habría tenido nada de particular de no ser porque la dama iba completamente desnuda, en cuero de rana, como decía Gabriel Vargas, sin nada encima a excepción de algunas gotas de Chanel número 5. Es explicable entonces que el cantinero se le quedara viendo sin poder apartar de ella la mirada. "¿Qué? -le dijo en tono hosco la desvestida fémina-. ¿No ha visto nunca a una mujer desnuda?". "A varias he visto -respondió el barman-, y a otras más espero ver si la buena fortuna me acompaña. Pero me estoy preguntando de dónde va a sacar usted el dinero para pagar la copa", (o la tarjeta de crédito, me pregunto igualmente intrigado)... Si yo escribiera los sucesos que me han acontecido en el curso de mis andanzas de conferencista llenaría más tomos que los que forman la Enciclopedia Espasa. Permítanme mis cuatro lectores relatar uno de esos casos. Fui invitado a dar una charla en Monterrey. La invitación provenía de una antigua y prestigiosa asociación benéfica dedicada a la atención de niñas y jovencitas en estado de abandono. Cuando me preguntaron cuáles serían mis honorarios tomé un papel y puse: "0.00". ¿Cómo iba a cobrar un solo peso a una institución tan querida, y que durante tantos años ha hecho tanto bien? Al llegar al sitio de la conferencia me sorprendí. Era un elegante hotel, quizás el más lujoso y caro de la ciudad, en el exclusivo sector llamado Arboledas. Más grande fue mi asombro al ver que el público que asistía a la ocasión ocupaba mesas con mantelería y cubiertos versallescos. Había además una banda de primera calidad tocando para amenizar el acto. Antes de mi intervención se sirvió una cena de seis tiempos con platillos de elevado precio, y después la concurrencia bailó al compás de aquella música. ¿Cómo era posible que una institución benéfica como la que me había convocado pudiera pagar todo eso, con riesgo de no recuperar la costosísima inversión? La persona que me invitó me dio la respuesta. Resulta que una pareja de novios pertenecientes a la más alta sociedad regiomontana contrató los servicios de aquel hotel para su banquete nupcial. Los padres de los prometidos pagaron por adelantado todo lo concerniente a la ocasión. Sucedió, sin embargo, que un par de meses antes de la boda los tales novios riñeron por alguna causa grave. Rompieron su compromiso, y se canceló la boda. ¿Qué hacer con todos los preparativos hechos, lo del banquete ya contratado y pagado, lo de la música y demás? Las dos familias acordaron donarlo todo a la institución caritativa que arriba mencioné, De ahí el extremado lujo del acontecimiento, que no tuvo ningún costo para aquella asociación. Innumerables veces he declarado mi gran afecto por Monterrey. Esa generosa ciudad me ha dado pan para mi casa y afectos para mi corazón. Por eso siento como míos los problemas que la aquejan, entre ellos el de la criminalidad. El asesinato cometido recientemente en la lujosa zona que cité, Arboledas, debe ser motivo de preocupación para las autoridades. La seguridad es condición esencial para la vida en cualquier comunidad, y los laboriosos regios merecen vivir en paz y con tranquilidad... El juez de lo familiar le preguntó, ceñudo, al acusado: "¿De modo que está casado usted con tres esposas?". "Así es, su señoría -admitió el tipo-. Una es muy poco, y la ley prohíbe la bigamia"... El farmacéutico le indicó al añoso cliente: "No le recomiendo esta marca de condones. He recibido quejas en el sentido de que provocan inflamación de la alusiva parte". Respondió el veterano: "¿Y qué tiene eso de malo?"... FIN.
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