Confesemos (5)
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Continúo ahora esta serie de recuerdos o memorias, que he venido publicando aquí las últimas semanas, con la excepción de algunas en que intercalo columnas habituales en torno a temas más actuales.
* ESCRIBO HOY SOBRE MI limitada y curiosa relación personal con Carlos Salinas de Gortari, años antes de su histórico período presidencial. Luego dejé de tener contacto.
Nunca fuimos muy cercanos, pero nos encontramos los últimos años de la licenciatura de Economía en la UNAM. Él empezó después que mi generación, aunque ya le gustaba avanzar más rápido y, con la asesoría de la directora Ifigenia Martínez, nos alcanzó en el cuarto año de la carrera.
Al grupito de Manuel Camacho, Emilio Lozoya, Hugo Araujo y yo, se agregó Carlos Salinas. Los dos primeros ya lo ubicaban; yo sólo sabía que era hijo de un conocido economista en el Gabinete Federal.
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Miren, tal vez competimos de algún modo él y yo en la relación de cercanía con el resto del grupo. Él prevaleció sin mayor pique o rivalidad, y siempre nos respetamos.
Tras la huelga estudiantil del 68, que aproveché para aprender Inglés en Washington, DC, nos reunimos a desayunar ese grupo y Camacho llevó a Pedro Aspe, quien iba a entrar a Economía en el ITAM. Salinas me preguntó por la Universidad de Harvard, pues en ese viaje la visité. Mi boba respuesta fue que era "muy bonita con algunos edificios de ladrillitos rojos". Años después él y Lozoya se fueron a estudiar allí, y yo a Manchester.
Estuvo en mi examen profesional y, aunque ellos se veían más, no perdí contacto.
Al regresar él y yo del extranjero ya casados, nos reunimos a cenar los cuatro en su casa. Más adelante coincidimos en registrar a nuestro primer hijo como Carlos Emiliano, en 1975 y 76.
Luego, en 1978 o 79, me invitó a que trabajáramos juntos en la Secretaría de Hacienda, donde ya era director... Cuando platicamos de detalles, se dio cuenta que el sueldo que me ofrecía era inferior a lo que yo ganaba en la Asesoría del Presidente, y dijo que no podía pedirme que redujera mis ingresos. Le agradecí y no me fui con él.
Me he preguntado qué habría sido si, con cierta "visión", yo le hubiera dicho al futuro presidente que esa diferencia no sería un obstáculo.
Cuando fue el coordinador en la campaña presidencial de Miguel de la Madrid, participé en el grupo de Salud y Seguridad Social con el doctor Leobardo Ruíz. Nos tocaba hacer las láminas de las presentaciones e ir cambiándolas (aún no había Power Point). Noté allí que, aparte de fumar a escondidas, el candidato lo respetaba mucho... y luego lo hizo secretario de Estado...
Ya no volví a tratarlo durante su visionaria presidencia, opacada al final por problemas inusuales. Si acaso vi que firmó mis nombramientos, y me decía "Tocayooo" al felicitarlo en el besamanos de la Salutación de Año Nuevo.
En fin, me han preguntado. Y eso fue todo.
* EN LAS ANÉCDOTAS, RECUERDO hoy mi formativa experiencia en una especie de correccional en Coapa, al sur del Distrito Federal. Veamos.
Antes de los 18 años, sólo en segundo de Secundaria viví fuera de San Luis Potosí: un año en el Internado México, donde aprendí algo de disciplina y orden, renglones que traía bastante descuidados, además de que me volví medio deportista y hasta la hacía de recogebolas en los entrenamientos del Club América y la Selección Nacional de Futbol en esa jaula de oro, que no dejaba de ser lo que era.
Me fui porque en el Instituto Potosino no me permitieron reinscribirme por mi mal comportamiento (bajas notas en Conducta) el primer año, aunque me defendía en mis estudios (buenas en Aprovechamiento).
De hecho, resaltaban varios perfiles: hijos de gobernadores que se buscaba alejar con cierta seguridad, hijos de artistas o deportistas famosos que se protegían del lado oscuro de la fama, hijos estorbosos de padres peleados o divorciados, muchachos con tendencias delincuenciales o alumnos "excluidos" de otros colegios del sistema Marista (mi caso).
Entonces podías empeorar, y yo traté de que no fuera así. Incluso disfruté lo que pude.
Al menos, eran excelentes las instalaciones (canchas, jardines, alberca...) y conviví con gente de casi todo el país. Eso sí, me centré más en estudiar, cumplir horarios, sufrir un poco y portarme bien; o sea, aproveché e hice méritos para regresar a mi pueblo y sus ventajas.
Creo que me sirvió bastante, y logré volver a mi escuela y mi familia. Yo quería alcanzar ciertas metas en la vida, no volverme un problema.
cpgeneral@gmail.com
X: @cpgarcieral y Fb: carlosjavierpérez
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