CONTRADICCIONES
Conforme avanzan las negociaciones entre PVEM, Morena y PT, se consolida la opción de que en las elecciones de gobernador en San Luis Potosí vayan por separado: el gallardismo verde por su lado y los guindas y petistas por otro. En simultáneo se hacen visibles y se robustecen señales contradictorias que ponen en duda la fortaleza electoral del Verde en nuestro estado.
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Comencemos con lo segundo. El planteamiento central es simple: si el gallardismo verde trae 800 mil votos en la bolsa, cuenta con excelentes perfiles para la candidatura, dispone de la mejor estructura y organización electorales y lo que le sobra es dinero ¿para qué quiere alianzas? Peor aún, ¿por qué anda suplicando la coalición con Morena y al mismo tiempo trabajando otras de menor peso?
Las interrogantes son válidas sobre todo a partir de la premisa de que las alianzas cuestan, todas. Digamos, por ejemplo, que si en su frenética búsqueda de asociaciones el gallardismo pactara con el PRI por sus siete u ocho puntos porcentuales de votación, a manera de contraprestación debería entregarle por lo menos tres o cuatro diputaciones locales, una o dos federales y varios ayuntamientos. E igual con cualquier otro aliado.
Entendamos algo. En la pasada elección de gobernador (2021) acudieron a las urnas un millón 205 mil 480 electores. Para el 2027 se espera una votación total del orden de un millón 350 mil. En estas condiciones, los 800 mil votos que todavía ayer presumió Lupe, equivaldrían al 60 por ciento del total. Imposible ganarles.
Con esa insuperable votación asegurada, con candidatos y candidatas tan carismáticos (as), con semejante estructura y con tanto dinero ¿para qué quiere el gallardismo socios minoritarios tan costosos?
La respuesta no tiene mayor misterio: porque en el fondo del fondo de su alma saben que si van solos son vulnerables; que si no logran alianzas que aporten por lo menos lo que cuesten, serán derrotados.
A raíz de la llegada de Citlalli Hernández a presidir la Comisión Nacional de Elecciones de Morena, a mediados de abril, se han celebrado por lo menos dos mesas de negociación. En la primera de ellas se sentaron la propia Citlalli y dos asistentes; el Niño Verde, Ricardo Gallardo y dos o tres acompañantes más, y el profe Anaya con algunos escuderos.
Desde la primera, Gallardo insistió en que la candidata debería ser la senadora Ruth, no porque fuera su esposa sino porque era la precandidata con mayor conocimiento e intención de voto a su favor y no había nadie que le disputara esa supremacía. Con tranquilidad y buenos modales Citlalli le respondió que eso no era posible por las razones de sobra conocidas, pero que gustosa llevaría su planteamiento a instancias superiores. Algo se dijo sobre la posibilidad de que si se retirara el nombre de Ruth González Silva habría margen para que el candidato o candidata de la coalición fuera quien propusiera Gallardo Cardona.
Dicho de otra forma, la decisión más importante en materia de candidaturas se le entregaría a Ricardo Gallardo Cardona, a condición de que no insista en la ruta del nepotismo.
La segunda vez que se reunieron, la representante morenista reiteró que, con la pena, pero no había manera de ir juntos si la candidata fuera doña Ruth. Pero reiteró que si se dejaba fuera la candidatura gubernamental, podrían mantener la coalición en todas las demás, de diputados federales a regidores. Se atravesó el asunto Rocha Moya y parece ser que será esta semana cuando se reanuden las negociaciones.
Volvamos un poco al tema de las coaliciones. En el 2021 Gallardo Cardona ganó la gubernatura con 450 mil votos y su más cercano competidor, Octavio Pedroza Gaitán, se quedó en 400 mil (ambos en números cerrados). Frente a la votación total que ya mencionamos (un millón 205 mil 480), los sufragios sumados por el hoy gobernador representaron el 37.52 por ciento. Y los de Octavio el 33.04 por ciento. Es decir, RGC ganó con una diferencia del 4.48 por ciento.
Con realismo ante esos antecedentes, y conscientes de que lo del costal con 800 mil votos es pura fantasía, es fácil entender por qué Gallardo insiste en ir aliado. De preferencia con Morena cuya intención de voto sigue siendo mayor que la del Verde.
Lo que no es ninguna fantasía es lo de la estructura electoral y lo del dinero. En este aspecto, es un hecho que en el ámbito de la oposición -incluido Morena, el PAN y el MC, por lo menos- tienen claro de que de cara a junio del 2027 la prioridad es preparar cada cual su propio ejército anti mapaches.
Entre los expertos electorales ajenos al gallardismo, hay pleno convencimiento de que si no se vigilan las casillas, si no se supervisa a los movilizadores, si no se protegen los paquetes con las boletas y si no se montan operativos específicos contra los diversos mecanismos fraudulentos al uso, el gallardismo puede ganar a la mala. La vigilancia más estrecha debería aplicarse en Soledad.
Frente a negociaciones que no están agotadas, empecinamientos gallardistas en el nepotismo, contradicciones entre me hacen los mandados todos juntos y luego el no sean gachos no me dejen solo porque el callejón está oscuro, renacen posibilidades que se veían un tanto diluidas. Se los digo rápido mientras llega información con más detalles: Rosa Icela Rodríguez Velázquez no está excluida. La suya es una opción viva, sobre todo si las circunstancias locales la transforman en la figura providencial para venir a poner todo en orden. Obviamente, como ya lo hemos dicho antes, vendría a ganar. Su derrota no estaría permitida.
No hay que perder de vista el tema abordado ayer por el portal Sinembargo.mx. A partir de una entrevista con Manuel Nava Calvillo, identificado como integrante del Frente Ciudadano Anticorrupción. En conversación con la periodista Montserrat Antúnez, el hijo del doctor revela que en enero pasado, a poco de su llegada a la Fiscalía General de la República en sustitución de Gertz Manero, se le hizo llegar a doña Ernestina Godoy un documento en el que básicamente le piden que saque del archivo muerto las carpetas de investigación que involucran a los Gallardo.
Hasta donde ha sido posible saber, no les dijeron que sí, pero tampoco les dijeron que no. Más bien, según mis propias fuentes, se dispuso con mucha discreción y con personal de toda la confianza de la Fiscal General, que los expedientes comenzaran a ser revisados con exhaustividad, para tener sustento jurídico sólido a cualquier decisión que se adopte. En eso están.
Malos momentos para padecer esos calambres. Y eso que todavía nadie parece haberse dado cuenta de que hay un elefante en medio de la sala. Tiene nombre. Se llama Corrupción y se apellida Enriquecimiento Ilícito sin límites.
COMPRIMIDOS
En ese mismo planeta de negociaciones, empecinamientos, contradicciones y miedos mal disimulados, aterrizó de súbito ayer la iniciativa de reformas legales que promueve el inefable Héctor Serrano. En síntesis, se trata de que, una vez aprobada, nadie pueda ser candidato a ningún cargo estatal de elección popular (ni gobernador ni diputado local ni alcalde ni síndico ni regidor) si no cuenta con una tal Certificación Estatal de Integridad y Confiabilidad para Postulación Democrática. Déjese usted de lo fácil o difícil que pudiera ser solventar los distintos requisitos, análisis, exámenes y pruebas que se establezcan, lo verdaderamente patético, y hasta ridículo, es que el documento final, aprobatorio o reprobatorio, lo tendría que firmar el secretario general de Gobierno -el ex Ecuación Corrupta- o algún subordinado suyo.
Desde luego que esta última ocurrencia serrana debe todavía ir al trámite legislativo y conseguir la mayoría calificada, ya que incluye cambios a nuestra Constitución local. Y si es aprobada a base de billetazos, como acostumbran, tendría que resistir de inmediato una o varias impugnaciones ante instancias federales, desde amparos hasta Controversias Constitucionales y/o Acciones de Inconstitucionalidad. Pero no es ahí donde veo el meollo del asunto. Me parece que es una más de esas medidas desesperadas para no dejar llegar a la competencia electoral del 2027 a nadie que tenga posibilidades de derrotar al gallardismo y su proyecto caciquil-nepotista. Es decir, se trata de una intentona de ganar antes de las elecciones. Es una maniobra en línea con el fallido intento de la Ley Esposa que intentaba dejar fuera de la jugada a todos los aspirantes varones. Esa intentona reposa hoy en el basurero y estoy seguro de que ese será el destino de esta última vacilada, si la llegan a aprobar nuestros empapelados diputados.
En este mismo espacio, hace algunos años, propusimos en más de una ocasión, que se considerara la posibilidad de aplicar exámenes de control de confianza, polígrafo incluido, análisis antidoping y lo demás que se acostumbra, pero con algunas pequeñas variantes respecto de la nueva propuesta: que fuera para los candidatos de todos los niveles -federales, estatales y municipales- y que los aplicara la autoridad electoral, no una dependencia del Ejecutivo. Por lo demás, es imposible dejar de mencionar que la nuestra fue una idea planteada en los tiempos en que el INE no era el de Taddei, ni el Ceepac era el de Gallardo.
Después de una sinuosa trayectoria que lo ha llevado de hacer negocios con el gallardismo a combatirlo enjundiosamente, de esfumarse y reaparecer para madrear a Galindo; de volver a desaparecer y regresar a registrarse rumbosamente como militante de Morena, para días más tarde presentarse como activista del MC, Gerardo Sánchez Zumaya podría recibir pronto una mala noticia que sepulte sus aspiraciones, cualquiera que estas sean. La dirigencia nacional de Movimiento Ciudadano está aplicada a convencer a la multicampeona Paola Longoria para que acepte venir como su candidata a gobernadora. Quizá no a ganar, fríamente visto el caso, pero sí a levantar la votación naranja. Paola es actualmente diputada federal pluri y no ha dado el sí porque le trae ganas a la alcaldía de Monterrey. Donde diga que ¡órale! Ya chupó faros el huasteco.
No he abordado el tema de Rocha Moya, básicamente porque ha habido información, análisis, teorizaciones y vislumbres sobreabundantes, pero hoy tengo algo que decir: ese escabroso asunto podría tener un giro virtuoso y servir para esclarecer sin margen de duda quién manda en este país. ¿Ella? Como debería ser o ¿Él? Indebida y peligrosamente. Esa duda atormenta a millones de mexicanos.
Hasta el próximo jueves.










