Cuauhtémoc Cárdenas
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De Cuauhtémoc Cárdenas quedan muchos recuerdos de su indeclinable compromiso con la democracia, la justicia social y la soberanía nacional. La insurgencia democrática que impulsó en 1988 con otras grandes personalidades agrupadas en el Frente Democrático Nacional y con la encomiable postura de Heberto Castillo para facilitar su candidatura a la Presidencia de la República, fue el precipitante para el cuestionamiento persistente de la legitimidad de quien ese año ocuparía, cual "fraude patriótico", la silla presidencial. En 1994, año "sui géneris" por toda la serie de acontecimientos que se suscitaron con la irrupción del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), el asesinato de Luis Donaldo Colosio, la emergencia del movimiento de deudores El Barzón, el crimen de José Francisco Ruiz Massieu, la descompuesta sucesión en el PRI que llevó a Ernesto Zedillo a la Presidencia de la República y la posterior confrontación entre éste y Carlos Salinas que se manifestó en la debacle financiera por decisiones erráticas de política económica, entre otras cuestiones, aceleraron más todavía el fin de régimen que, inexorablemente, tendría lugar en el año 2000. En todo ese período, Cuauhtémoc Cárdenas fue referente político y ético para sacar de Los Pinos al viejo PRI.
En 1994 Cárdenas fue solidario con los movimientos sociales del EZLN y de "El Barzón", de "los vientos del sur y los vientos del norte", que en adecuada caracterización planteara el investigador Julio Moguel como expresión de una nueva emergencia social para revindicar los derechos de pueblos indígenas y de productores campesinos agobiados por la crisis económica, sin dejar de lado la solidaridad, pocos años antes, con las luchas cívicas como la del Dr. Salvador Nava o contra personajes como Salvador Neme Castillo en Tabasco, donde ya se hacía presente el enorme liderazgo de Andrés Manuel López Obrador con el "Éxodo por la Democracia". Célebre fue, en 1995, el intercambio de posiciones políticas con Porfirio Muñoz Ledo con respecto al derrotero del país después de la elección presidencial de 1994, donde a pesar del triunfo del PRI, fraguado en buena medida con el "voto del miedo" derivado del clima de violencia política alcanzado, se avizoraba una crisis terminal del viejo régimen político corporativo que, empero, cual dinosaurio herido, todavía era capaz de dar coletazos en los últimos estertores de su agonía.
Cárdenas planteaba un "Gobierno de Salvación Nacional", como respuesta al Acuerdo (de élites) para Superar la Emergencia Económica del entonces presidente Zedillo y advertía que el seguimiento, a pie juntillas, del modelo neoliberal, impuesto desde 1982 por organismos financieros internacionales, había terminado por generar una crisis de graves dimensiones que se materializó en la drástica devaluación de nuestra moneda a fines de 1994 y que se pretendía "resolver" con mayores sacrificios económicos para la mayoría del pueblo mexicano. Además, se cuestionaba que en el programa gubernamental de Zedillo se anticipaba la intención de privatizar lo que quedara del patrimonio productivo nacional, señaladamente los ferrocarriles, el petróleo y la industria eléctrica. A pesar de que Zedillo se salió con la suya, por ejemplo en el tema de la privatización ferroviaria, formando después parte del Consejo de Administración de una de las empresas extranjeras beneficiadas, en clara muestra de conflicto de interés, quedaba cada vez más claro para la ciudadanía que urgía alternancia y alternativa en el máximo poder público del país; el problema es que se logró la alternancia (con un Fox que nomás llegó a recargarse a la pared del viejo régimen, ya derruida en sus cimientos por las persistentes luchas sociales y democráticas de la izquierda), pero la alternativa se desdibujó por los excesos y torpezas de una derecha más pragmática y depredadora, pero esa es otra historia.



