El espacio más allá de la Luna
Con el éxito de la misión Artemis II se reinician las exploraciones espaciales tripuladas a la Luna. Si bien en este caso, los astronautas no pisaron la superficie de la Luna y solamente la sobrevolaron, la misión sirvió como una etapa de preparación para el alunizaje de una misión tripulada que la NASA planea realizar en los próximos años. Todo esto, como parte de las intenciones de la NASA de sostener una presencia humana prolongada en la Luna y establecer una base para futuras exploraciones planetarias.
Uno de los mayores peligros a los que se encuentran expuestos los astronautas viajando más allá de una órbita terrestre de baja altura son los rayos cósmicos de alta energía. En la superficie de la Tierra estamos protegidos de estos rayos por el campo magnético de la Tierra. En cambio, los astronautas que han viajado a la Luna no han tenido esta protección natural y han debido protegerse por medios artificiales dentro de su nave espacial.
En condiciones normales, el mayor peligro lo constituyen los rayos cósmicos galácticos generados más allá del sistema solar. Adicionalmente, durante las tormentas solares el Sol incrementa sustancialmente su emisión de rayos cósmicos, lo que aumenta el peligro para los viajeros espaciales. Con relación a esto último, es anecdótica la tormenta solar ocurrida en agosto de 1972, entre las misiones Apolo 16 y Apolo 17, realizadas en abril de 1972 y diciembre de 1972, de manera respectiva. Si dicha tormenta hubiera ocurrido cuando alguna de las dos misiones estaba en tránsito hacia la Luna, la tripulación podría haber recibido una dosis de radiación superior al máximo fijado por la NASA para un astronauta en toda su carrera. Y si hubiera ocurrido con la tripulación en el módulo lunar, dicha dosis habría alcanzado niveles de peligro.
El espacio es un medio extremadamente hostil, y en este sentido, en un artículo publicado en la revista "Acta Astronautica" en noviembre de 2020, Mikhail Marov, de la Academia Rusa de Ciencias, escribe: "Los humanos se enfrentarán a problemas extremadamente serios en materia de seguridad de los vuelos espaciales al comienzo de la nueva fase de exploración lunar. Entre los riesgos de la habitabilidad en el entorno lunar hostil, específicamente en los posibles emplazamientos de bases lunares, el monitoreo de las dosis de radiación absorbidas por los astronautas en la superficie lunar es fundamental. Se podrían utilizar refugios subterráneos para proporcionar una habitabilidad segura y mantener la actividad humana a largo plazo. Hoy en día, nos enfrentamos a numerosos problemas que implican muchas incógnitas y peligros de origen natural en el espacio exterior, lo cual va de la mano con la necesidad de grandes avances y descubrimientos tecnológicos. Esto se produce de forma gradual a medida que aumenta la complejidad de los vuelos espaciales y el desarrollo progresivo de las misiones tripuladas, con el objetivo final de realizar vuelos tripulados a la Luna, Marte y más allá".
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Así, si las misiones a la Luna implican riesgos para las tripulaciones, dichos riesgos se multiplican para un viaje a Marte –la siguiente meta espacial, después de la Luna– que tomaría años en llevarse a cabo, en comparación con los diez días de la misión Artemis II.
En estas condiciones, hay quién plantea que la exploración espacial a Marte se lleve a cabo por medio de misiones robóticas y no por misiones tripuladas. Una circunstancia que dificulta el manejo de un robot en la superficie de Marte de manera remota es la enorme distancia que nos separa de este planeta, pues un comando enviado al robot tarda entre 4 y 22 minutos en arribar, dependiendo de la distancia que separa a los dos planetas en esos momentos. Y, por supuesto, el mismo tiempo le tomaría a una señal enviada por el robot en sentido inverso. Así, la labor realizada por el robot es poco eficiente en términos de tiempo.
Dadas estas circunstancias, un artículo aparecido el pasado 31 de marzo en la revista "Frontiers in Space Technologies" propone el uso de robots semiautónomos para la investigación de las superficies de Marte y la Luna. El artículo fue publicado por un grupo de investigadores encabezado por Gabriela Ligeza de la Universidad de Basel, Suiza.
Ligeza y colaboradores apoyan su propuesta en un estudio llevado a cabo en un medio ambiente simulado, con un robot cuadrúpedo equipado con dos instrumentos: una cámara fotográfica y un equipo de análisis químico. Basados en sus resultados, concluyen: "Nuestro estudio demuestra que un enfoque de exploración semiautónoma con múltiples objetivos es una opción viable para las investigaciones geológicas en misiones a la superficie planetaria, donde la incapacidad de controlar un robot en tiempo real ralentiza significativamente los tiempos de exploración y, en consecuencia, el retorno científico de la misión".
El espacio es, ciertamente, un medio hostil, sin gravedad, sin aire y con radiaciones letales de alta energía, que hacen más peligrosas las misiones tripuladas en cuanto mayor sea su duración. Así, dadas las dificultades tecnológicas y económicas que implica un viaje a Marte, tal parece que tiene más sentido una exploración robótica del espacio más allá de la Luna.



