El ingeniero del futuro o el futuro del ingeniero
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Hace unos días, un chico de preparatoria se me acercó y me preguntó cuáles eran mis perspectivas sobre el futuro de la ingeniería: si consideraba que en los próximos años todavía sería una profesión redituable y, sobre todo, si el mundo seguiría necesitando ingenieros. La pregunta me tomó un poco por sorpresa. Aunque creo firmemente que no se podría explicar el desarrollo de la humanidad sin esta área del conocimiento, me quedé con ganas de elaborar un poco más mi respuesta. Después de todo, han pasado más de 20 años desde mi ingreso a la licenciatura en Ingeniería Mecánica y, sin duda, el mundo ha cambiado sustancialmente.
Cuando inicié mis estudios, muchas de las habilidades que asociábamos con un buen ingeniero estaban relacionadas con su capacidad para dominar las matemáticas, realizar cálculos, comprender fenómenos físicos y utilizar herramientas especializadas para resolver problemas. Si bien ya contábamos con software especializado, internet y motores de búsqueda, estábamos lejos de tener la capacidad de cómputo de la que disponemos actualmente y, mucho menos, herramientas de inteligencia artificial capaces de apoyarnos en tareas que antes requerían horas de trabajo. Ante este escenario, quizá la pregunta ya no sea si seguiremos necesitando ingenieros, sino qué tipo de ingenieros necesitaremos en los próximos años.
Paradójicamente, la aparición de estas nuevas herramientas no significa que los conocimientos fundamentales dejen de ser importantes; por el contrario, podrían serlo aún más. Hay habilidades que han sido, son y seguirán siendo parte esencial de la formación de los ingenieros. El dominio de los fundamentos técnicos, la capacidad para analizar y aislar problemas y el pensamiento crítico continuarán siendo indispensables. Si bien la inteligencia artificial es capaz de proponer soluciones en cuestión de segundos, es y seguirá siendo responsabilidad de los ingenieros contar con los conocimientos necesarios para cuestionarlas, interpretarlas y, sobre todo, saber cuándo no confiar en ellas.
Por otro lado, otras habilidades, como el pensamiento sustentable y la capacidad de comunicarnos tanto con personas como con inteligencias artificiales, comenzarán a adquirir un peso cada vez mayor. Los ingenieros ya no podremos evaluar una solución únicamente por su viabilidad técnica; tendremos que considerar también su impacto ambiental, económico y social, es decir debemos ser más conscientes del entorno global. Al mismo tiempo, será indispensable aprender a incorporar la inteligencia artificial como una herramienta dentro del propio proceso de ingeniería. Esto implicará ir más allá de simplemente formular preguntas a un modelo y comenzar a desarrollar agentes capaces de utilizar diferentes herramientas, analizar información, ejecutar tareas y apoyar la toma de decisiones de manera parcialmente autónoma. En este escenario, una nueva habilidad del ingeniero será saber definir objetivos, establecer restricciones y diseñar procesos en los que personas e inteligencias artificiales puedan trabajar de manera conjunta.
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Quizá, por encima de todas estas habilidades, la más importante será la capacidad de aprender y adaptarnos constantemente. Las herramientas que hoy consideramos indispensables probablemente serán sustituidas por otras en pocos años, como ha ocurrido tantas veces a lo largo de la historia de la ingeniería. Por ello, formar a los ingenieros del futuro no puede limitarse a enseñarles a utilizar las tecnologías disponibles actualmente, sino que debe proporcionarles los fundamentos y la curiosidad necesarios para aprender aquellas que todavía no existen.
Después de reflexionar un poco más sobre aquella pregunta, creo que hoy le respondería a aquel estudiante que sí, el mundo seguirá necesitando ingenieros. Probablemente más que nunca. Lo que cambiará será aquello que esperamos de ellos. Ya no bastará con saber calcular, diseñar o utilizar determinada herramienta; necesitaremos ingenieros capaces de comprender problemas complejos, trabajar junto con inteligencias artificiales, cuestionar sus resultados y entender las consecuencias de las soluciones que desarrollan. Después de todo, las herramientas de la ingeniería seguirán cambiando, pero nuestra responsabilidad continuará siendo la misma: utilizar el conocimiento para transformar problemas en soluciones que mejoren la vida de las personas.
Dr. Jonathan Sánchez: es ingeniero mecánico egresado de la Facultad de Ingeniería de la UNAM y doctor en Ingeniería Mecánica por la Universidad de Manchester, en el Reino Unido. Profesor del Tecnológico de Monterrey, Campus San Luis Potosí.









