Evocar a Revueltas
En algunos días se cumplirán 50 años del fallecimiento de José Revueltas, para ser preciso el 14 de abril. El mero pronunciamiento de su nombre evoca el valor de la honestidad política, entendida como congruencia entre lo que se piensa y lo que se hace, entre el compromiso de buscar la conexión de la formación teórica y la práctica política. La humildad que lo caracterizaba, al extremo de solidarizarse, literalmente en cuerpo y alma (durmiendo en el campus universitario), con los estudiantes universitarios en el movimiento de 1968, dice mucho de la comunión posible entre la "ética de la convicción y la ética de la responsabilidad", que el sociólogo Max Weber advertía como generalmente separadas en el político y en el científico, pero deseablemente complementarias.
Extraordinario narrador de cuentos y novelas memorables, donde siempre se situó en la descripción de los más débiles y vulnerables, víctimas de injusticias de estructuras sociales imperantes, como de una suerte de "literatura del lado moridor" como se refería a su escritura Evodio Escalante. En el plano político, textos como "Ensayo sobre un proletariado sin cabeza" y "México: una democracia bárbara", serán ejemplos de una crítica certera a las desviaciones convenencieras de una formación política de izquierda que se pretendía pasar como "peculiaridad mexicana". La época a la que aludía Revueltas, era la que imperaba en la víspera de la sucesión presidencial de fines de los años cincuenta, con Adolfo López Mateos, donde la pretendida unidad nacional suprimía o enmascaraba la lucha de clases, al extremo de que los partidos pretendidamente independientes colocados a la derecha o a la izquierda (la crítica severa a Lombardo Toledano) del espectro ideológico, eran rémoras situadas a uno u otro lado de un sistema político totalizador.
En buena medida, el problema de las desviaciones ideológico-políticas, sobre todo de una cierta izquierda como la que representaba Toledano, era la de no asumirse plenamente como representaciones con un interés de clase manifiesto, en este caso de la clase obrera. Pero, en fin, lo que interesa destacar de esta parte de la evocación crítica de Revueltas es el tema de la direccionalidad política en una organización partidista.
Revueltas tenía razón. Guardadas las proporciones de tiempo y lugar, de su vida y obra en el plano político queda la lección de que dirigir un partido político no es sencillo, implica lograr la mayor unidad en una miríada de posturas personales y de grupos que pueden ser hasta contrapuestas, sobre todo cuando se trata de institutos políticos que cargan con una tradición de discusión política fuerte como proceso de formación ideológica y programática. Tal es el caso de partidos de izquierda surgidos desde una amplia participación popular asumida como movimiento. Es el caso del partido MORENA (Movimiento de Regeneración Nacional). Para lograr lo anterior se requiere, sin duda, de un liderazgo que sea confiable y comprometido para llevar a buen puerto la causa común de militantes y simpatizantes. El ejemplo más claro de esto es el de Andrés Manuel López Obrador como dirigente nacional, en su momento del PRD y, después, de MORENA.
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Como dirigente nacional del PRD, Andrés Manuel mantuvo un liderazgo intransigentemente democrático, esto es, refractario a cualquier negociación política que implicara renunciar a los principios resumidos en el lema partidario: una democracia como realidad presente y no como demagogia conveniente, así como pugnar por una patria para todas y todos. Sin embargo, sabido es que, después de su paso por la dirigencia perredista, la estafeta fue tomada por dirigentes de tribus que asumieron un liderazgo faccioso, deteriorando la capacidad de mantener la unidad en lo esencial y perdiendo de vista el bosque por andarse entre las ramas.
Pero lo más importante en todo ese proceso de liderazgo que mantuvo AMLO, está el de tomar en serio la causa de los pobres como el motor de la lucha social y política, incluso más allá de lo partidista. Así lo ha reconocido, recientemente, Beatriz Paredes, cuadro distinguido de la época de esplendor político del PRI, asumiendo que se olvidaron, hasta por mera demagogia (como con Salinas), de los pobres... y así les fue. En fin, sobre esto seguiremos en otra colaboración.




