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Familia y escuela Capítulo 304: ¿Educar para el cambio o para permanecer igual?

Por Gustavo Ibarra Hurtado

Febrero 11, 2026 03:00 a.m.

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Mucho se ha dicho y asegurado que la educación cambia la vida de las personas, diferenciando con ello el estatus, las facilidades profesionales y laborales que son la base para una estabilidad económica de los individuos y sus familias.

Se clasifica entre educados e ignorantes, burros y aplicados, letrados e iletrados, obreros y profesionistas, Ninis y otros con ocupación formal, personas que se ubican en puestos de jerarquía y quienes solo pueden llegar a determinados niveles inferiores; aquellos que se ocupan para empresas importantes y los que solamente emprenden micro negocios u oficios de auto emprendimiento.

Sin embargo, debemos de clarificar la frase: "cambio de vida de las personas", porque si bien es cierto que se presupone que quien posee conocimientos adquiridos desde un sistema escolarizado, tiene la mayor seguridad de no ser manipulado, engañado y de tomar decisiones con argumento y la confianza de enfilar sus acciones hacia un futuro que asegure su supervivencia y felicidad, aún con todo ello, nada ni nadie asegura que esto ocurra tal cual lo previsto.

De acuerdo con datos de Trading Economics e Infobae, el desempleo para 2025 mantuvo una tasa baja, promediando niveles del 2.4% al 2.7% durante varios meses del año, destacando un mínimo de 2.2% en marzo; además, México cerró 2025 con una tasa de desocupación del 2.4% en diciembre, manteniendo niveles similares o ligeramente inferiores a los registrados a finales de 2024, según datos del INEGI.

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No obstante, a pesar de la baja desocupación, la informalidad persistió alta, representando más de la mitad de la fuerza laboral, y se reportaron cerca de 33 millones de personas con salarios de pobreza, indica el reporte de Acción Ciudadana Frente a la Pobreza; aunado al registro de caídas en la generación de empleo formal en industrias de transformación, con una pérdida de cerca de 127 mil 200 puestos registrados ante el IMSS en 2025, un nivel no visto desde 2008-2009.

En efecto, la educación superior para la generación de puestos profesionalmente ejercidos, provocó un cambio en la vida de éstos, al tener que adaptarse a empleos informales o a trabajos que no correspondían con su formación y a la recepción de sueldos ínfimos: "¿sabes qué es lo más difícil de ser ingeniero civil? Los últimos tres años de taxista" (comentario de un alumno de posgrado).

Ahora, en lo referente al cambio de vida en lo espiritual, en las ideas y maneras de ver las diferentes realidades, en la comprensión de la situación de cada individuo y el contexto en el que se está inscrito, es decir, en la conformación de la propia personalidad, tenemos que, desde las diferentes familias, medios de comunicación, redes sociales y la propia escuela, se está reproduciendo un modelo ideal y genérico de personas.

Tal pareciera que todos los hijos y alumnos debieran pasar por el mismo proceso de "fabricación" de su personalidad, con los mismos pensamientos, ideas y nivel de conocimientos preparado ex profeso por niveles, los cuales deben ser llevados mediante un trayecto educativo formal.

Es como si una materia prima ingresara a una fábrica para el proceso de producción en serie; dicha materia pasa primero por un criterio de selección para asegurar que se cuenta con la mejor y así obtener los mejores resultados.

La escuela es esa fábrica en donde los alumnos ingresan como materia prima para ser trabajados en serie; pero antes, pasan por un criterio de selección, el cual es representado por los exámenes de selección e ingreso a los diferentes niveles; desde este momento se determina quiénes poseen las habilidades, conocimientos y aptitudes propicias para ser aceptados en el proceso educativo; los que no cumplan con esos requisitos, quedan fuera, desechados cual si fuera materia prima inservible.

Una vez dentro e iniciados los cursos, éstos se configuran como líneas de producción industrial, mediante las cuales se llevan a efecto paso a paso, en total orden y perfección, con la "introducción" sistemática de conocimientos en las mentes, y la idea precisa de que todos los integrantes, reunidos en diferentes grupos y aulas, tal cual departamentos y células de producción, se deban almacenar y demostrar que han sido apropiados, almacenados y memorizados, todos ellos de la misma forma.

¿Qué ocurre con los alumnos que, una vez dentro de la "fabrica", no han sido moldeados de la misma manera y no posean las características preestablecidas dentro de un plan y programa de acción educativa?

Sencillamente, al ser detectados por un control de calidad, conformado por maestros y maestras, autoridades educativas y apoyos técnico pedagógicos, con instrumentos utilizados como exámenes, listas de cotejo y diferentes evaluaciones aplicadas para que el proceso mantenga su uniformidad, simplemente se desechan; y aunque todavía existe un reciclaje del material empleando otras oportunidades de evaluación, mucho de este material – alumnos, son dejados fuera y pasan a formar parte de las estadísticas del rezago educativo.

Entonces ¿se educa para el cambio?

Definitivamente se podría afirmar que la educación provoca un cambio en las personas, sin embargo, dicho cambio solo es para cumplir con los parámetros que una sociedad exige, al alinear a los que pasan o no por un proceso educativo formal, con los conocimientos que alguien más estableció como los necesarios y casi únicos, así como la repetición de hábitos, costumbres y acciones unificadas, pero que distan mucho de un cambio personal verdadero.

Entonces, la educación en la generalidad de familias y escuelas, equivaldría a provocar un cambio en cada individuo, propiciando que sea y se sienta "libre" pero dentro de los límites cerrados, cual si fueran muros sin ventanas; honrosas excepciones son aquellos hogares y grupos de clase en donde se les brinda la oportunidad de abrir algún hueco en esas paredes por donde puedan ver la luz y escaparse en búsqueda de su propia personalidad.

Comentarios: gibarra@uaslp.mx