Familia y escuela Capítulo 307: "No se nace mujer, se llega a serlo" Simone de Beauvoir
Resulta de verdadera importancia el comprender el fenómeno de la marginación hacia la mujer y todos los esfuerzos que tanto ellas como los hombres han hecho para obtener una igualdad y equidad, no solo desde el aspecto sexual, sino también por género desde ámbitos sociales, culturales, económicos y hasta históricos.
Este fenómeno no es para nada nuevo, puesto que se ha venido estableciendo y confirmando por la educación y formación que se ha otorgado en familias, escuelas y la sociedad en general a lo largo de las distintas generaciones de las regiones, culturas y costumbres en el mundo; por todo ello, se comprende que ha sido una lucha que, por más que se haya intentado de manera constante y de muy diferentes formas de plantearse, actuar y manifestarse, solo tenga avances, si se quiere lentos y mínimos, comparado con la cantidad de años que se tiene existiendo bajo esas condiciones.
Sin embargo, los avances son significativos, sobre todo porque se ha puesto el tema en las principales agendas de instituciones internacionales y dentro de la mayoría de los países de régimen democrático, observando como una necesidad prioritaria el reconocimiento pleno a las facultades y personalidad jurídica, moral, académica, política y todas las características que de manera más que justa merecen ellas.
Diversos ejemplos históricos ilustran el proceso evolutivo del empuje, demostración y participación de este sexo en fenómenos sociales, en donde es tal su importancia que, han quedado grabados sus esfuerzos como hechos históricos relevantes y muestra indudable de sus capacidades y facultades para intervenir en el trayecto vital de sociedades enteras.
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Las mujeres fueron las iniciadoras de la Revolución Rusa, saliendo masivamente a las calles de Petrogrado el 8 de marzo de 1917 (Día Internacional de la Mujer) exigiendo pan, igualdad y el fin de la guerra, lo que desencadenó la caída del zarismo. Participaron activamente en fábricas, protestas y en la lucha armada, logrando posteriormente, tras la revolución bolchevique, derechos pioneros como el divorcio, el aborto legal y la igualdad de género (IA).
En México, lo mismo que en otros países, encontramos ejemplos palpables de mujeres que han trascendido por romper con el rol y estereotipo asignado, logrando transmitir la necesidad, el logro y el reconocimiento de su persona en todas sus dimensiones y los derechos inalienables de los cuales son poseedoras.
Desde Malinche, pasando por Sor Juana Inés de la Cruz, Frida Kahlo, Leona Vicario, Josefa Ortiz de Domínguez, Ángela Ramos (Juana Gallo), Carmen Serdán y un enorme número de mujeres notables, hasta llegar a la actual primera presidenta del país.
Fruto de lo anterior, ellas han venido paulatinamente ocupando lugares y funciones que tradicionalmente eran asignados solo al género masculino, con el avance ya comentado hacia su reconocimiento en las agendas y planes nacionales; sin embargo, ese impulso ha venido siendo opacado, tristemente por el maltrato todavía existente y los múltiples delitos de los que todavía son objeto.
De acuerdo con el Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas, 37.13% son mujeres (12,474). Los grupos con mayor número de registros se concentran en adolescentes y jóvenes. Destaca el rango 15–19 años de edad, con 4,519, así como 10–14 años de edad, con 2,199.
De acuerdo con datos de diferentes instituciones observadoras y el INEGI, en México, feminicidios: entre enero y agosto de 2025, se registraron 44 feminicidios oficiales, con una tendencia de 1.8 casos diarios. Violencia contra niñas/adolescentes: a septiembre de 2025, se sumaron 134 asesinatos de niñas y mujeres de 0 a 17 años, incluyendo 45 feminicidios y 89 homicidios dolosos (IA).
Resulta urgente repensar el problema desde su origen y no con aplicaciones mágicas únicamente correctivas; desde la óptica de la educación y formación desde los menores, impulsando la promoción, práctica y fomento de valores de inclusión, igualdad y equidad, desde mi punto de vista, mucho antes de la implementación de una paridad de género; es decir, apostar por un plan a largo plazo que apueste por la formación de la futura generación hacia el reconocimiento igualitario y equitativo de ambos géneros.
Precisamente, el título que encabeza el presente artículo, hace referencia a una frase de la francesa Simone de Beauvoir: "No se nace mujer, se llega a serlo" mencionado en su libro: "El segundo sexo" publicado en 1949, en la cual se explica que la condición femenina no está determinada por su sexo, sino por una construcción social y cultural en donde ella misma sea la artífice de su persona.
Lo anterior resulta importante, sobre todo a la luz de todos los contenidos e influencias que han existido acerca de una "liberación femenina", volviendo a crear un estereotipo en el cual la mujer debe ser y estar en contra de todo lo que, hasta el momento, la sociedad y el sexo opuesto la ha obligado a actuar convirtiéndola como esclava.
La frase de Simone de Beauvoir establece una pista clara acerca de esta liberación: no se es mujer solamente por su condición sexual, ni por los atributos privilegiados de la maternidad, mucho menos por el reproducir fielmente el rol que social y culturalmente se les ha asignado por generaciones.
Llegar a ser MUJER y, construirse como tal, implica tener el compromiso de tomar sus propias decisiones, de manera consciente y autónoma utilizando su libre albedrío, asumiendo su responsabilidad y consecuencias; es decir, la libertad no es un regalo, ni se les ofrece o se les otorga; más bien, se asume, se vive, se aplica y se utiliza como un fin y herramienta para la vida.
Se decide ser activista, incluso anarquista del "bloque negro", lo mismo que quedarse en casa de manera apacible; ser doctora, policía, política, abogada y hasta ama de casa; ver una película sobre violencia al igual que observar nuevamente una historia tremendamente romántica; tomar la decisión de ser madre soltera y autosuficiente sin estar atada a una pareja que mientras ella está lavando trastes, él está viendo el futbol o bien, asumir el cuidar y cocinar para su pareja e hijos.
Esa libertad, desde mi punto de vista, debe fomentarse educativamente a hijos y alumnos, procurando e impulsando la propia toma consciente de decisiones en un ambiente de equidad e igualdad entre ambos sexos.
Como se puede apreciar, el llegar a construirse como mujer, no es un artilugio o elixir mágico; o simplemente nacer con características femeninas; más bien es un proceso educativo que debemos comenzar ahora, para que hijos, hijas, alumnos y alumnas lo repliquen en sus vidas y con su descendencia.
Comentarios: gibarra@uaslp.mx



