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Herencia

Por José Santos Zavala

Octubre 07, 2026 03:00 a.m.

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Resumen

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    Preguntas y respuestas

      Una calle no se repara con adjetivos, pero los adjetivos pueden influir en quién parece responsable de sus baches. Si el problema público se presenta como una herencia, la mirada se dirige hacia quienes gobernaron antes o en otros niveles de gobierno. Las palabras no resuelven el problema, pero sí orientan la discusión sobre sus causas y sus responsables. Por ello, la frase "Una herencia no se maldice, se honra con trabajo", expresada por el presidente municipal de San Luis Potosí, durante su informe de gobierno, es una expresión que la crónica de Pulso interpretó como una respuesta a la "herencia maldita" asociada al discurso del Gobernador del Estado. 

      Desde el análisis del discurso, la primera pregunta no es quién tiene la mejor frase, sino qué sentido político está construyendo. "Herencia" traslada al gobierno a otorgarle una imagen familiar: alguien recibe bienes, deudas y obligaciones que no eligió. La metáfora contribuye a explicar que ninguna gestión gubernamental inicia desde cero. Pero también puede colocar al gobernante en el rol de receptor de problemas, antes que responsable de decisiones de política pública. Cuando esa herencia se califica como maldita, la explicación adquiere un significado moral, ya que no se habla únicamente de contratos deficientes o servicios públicos deteriorados: el pasado entero puede aparecer como una desgracia de la cual alguien debe rescatarnos. Ese encuadre facilita una división entre quienes causaron el daño y quienes proponen repararlo. 

      El presidente municipal conserva la metáfora, pero cambia su valoración. Frente a "maldecir", propone "honrar"; ante la condena, ofrece "trabajo". No rechaza que exista una herencia: cuestiona cómo debemos relacionarnos con ella. Se presenta como alguien que reconoce una construcción colectiva y se hace cargo de continuarla, mientras su adversario queda implícitamente situado del lado del reproche. La estructura gramatical tiene otra ventaja persuasiva: no necesita nombrar al adversario. Su apariencia de máxima general, casi de consejo familiar, permite cuestionarlo sin mencionarlo. El público que reconoce la referencia completa el sentido político de lo expresado. Sin embargo, también hay preguntas pendientes. ¿Qué parte de lo heredado merece reconocimiento y cuál necesita investigación? ¿Honrar significa conservar instituciones útiles o rehabilitar políticamente a sus antiguos responsables? La frase no lo precisa. Señalar ese silencio no demuestra encubrimiento; permite identificar lo que una expresión convincente deja fuera del debate político.

      Algo semejante ocurre con "trabajo". Es difícil oponerse a una palabra con significado positivo, pero su amplitud permite reunir actividades muy distintas. Trabajar no equivale necesariamente a resolver, ni gastar demuestra por sí mismo un beneficio. Para evaluar una administración necesitamos saber qué cambió, cuánto costó y quién recibió el resultado. Su efecto sobre las políticas públicas puede ser concreto. Si toda falla se explica por los antecesores, podrían relegarse las correcciones que corresponden al gobierno actual. Si toda continuidad se considera virtuosa, podrían conservarse programas que necesitan revisión. La manera de contar el problema también condiciona las soluciones que estamos dispuestos a discutir.

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      La exigencia debe alcanzar al propio presidente municipal. En una nota publicada por Pulso el 5 de octubre de 2026, se le atribuyó a una intención política los obstáculos para ejecutar el programa de obra pública. La acusación puede tener fundamento, pero discursivamente vuelve a colocar una parte de la explicación fuera de su administración. No es una contradicción automática: es una atribución de responsabilidad que necesita pruebas. Por eso importan los expedientes: cuándo se solicitó una autorización, qué observaciones recibió y quién dejó pasar un plazo. Si hubo obstrucción, documentarla permitiría exigir responsabilidades. Si hubo deficiencias propias, también deberían conocerse. Ninguna explicación merece aceptarse sólo porque coincide con nuestras simpatías.

      El escenario también forma parte del mensaje. Durante el informe del 29 de septiembre, el presidente municipal expresó su aspiración a contender por la gubernatura del Estado cuando la ley se lo permita, según El Universal San Luis Potosí. En ese contexto, hablar de herencia y trabajo puede leerse como una presentación de credenciales para el futuro. Esa lectura no equivale a establecer una infracción electoral.

      En resumen: ser apartidista no significa repartir culpas por mitades. Significa analizar con el mismo rigor cómo cada actor se atribuye los aciertos, explica las fallas y presenta a sus adversarios. Puede haber responsabilidades muy diferentes; lo importante es que las establezcan las pruebas y no la eficacia de una consigna. Para San Luis Potosí, la pregunta útil no es si debemos maldecir o venerar lo recibido, sino qué debemos conservar, corregir e investigar. Las palabras importan porque orientan esas respuestas y pueden abrir o cerrar la exigencia de la rendición de cuentas. Ni la culpa heredada absuelve al presente, ni el homenaje vuelve intocable al pasado. Gobernar empieza cuando el relato acepta someterse a los hechos. Próxima colaboración: 21 de octubre de 2026.

      @jszslp