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Saldos mundialistas

Por Emilio Rabasa Gamboa

Julio 16, 2026 03:00 a.m.

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      Aunque es prematuro una evaluación del Mundial FIFA 2026, su intensidad dentro y fuera de los estadios hace inevitable indagar lo que estamos experimentando, esa eclosión social que sólo causa este deporte y que el sociólogo Durkheim le llamó "efervescencia colectiva". La más llamativa fue la de México, en el estadio Azteca y la avenida Reforma, Zócalo y Monumento a la Revolución; fuente de la Minerva en Guadalajara y Parque Fundidora en Monterrey. De noche parecía la incontenible lava de una erupción volcánica que se extendía como río imparable a la arteria principal de Reforma y sus afluentes. Cifras oficiales del día de la victoria sobre Ecuador, reportaron un millón y medio de personas, además de la audiencia televisiva que alcanzó a 60 millones de televidentes, casi el 50% de la población nacional.

      En otros países impresionaron las imágenes de las multitudes recibiendo a su Selección: en Irán, El Cairo, Cabo Verde, Marruecos y los 100 mil remeros noruegos en Oslo, país 30 años ausente de este certamen.

      ¿Qué tiene el futbol que genera esas manifestaciones colectivas? ¿acaso estimula el ADN bélico de una guerra por otros medios, en la que está de por medio el orgullo nacional revestido de sus símbolos (bandera, himno, colores, uniformes)? La literatura occidental inició con la narrativa de una guerra (entre aqueos y troyanos), la Ilíada de Homero, poema épico en el que también como en el futbol (Messi, Ronaldo, Haaland y Mbappé) destacaron figuras icónicas como Aquiles y Héctor, que guiaron a sus ejércitos en la batalla.

      Cada Mundial construye no sólo partidos, sino toda una mitología. Una liturgia laica profundamente dramática por la que durante 90 minutos la nación simbólicamente representada en la Selección Nacional, se juega la victoria o la derrota.

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      El filósofo alemán Gadamer afirmó que el juego no pertenece a los jugadores, éstos son "jugados" por el juego, en un mismo universo simbólico que concentra la atención mundial.

      Y en ese mundo mágico al lado del ¿Y si sí?, el Cielito Lindo, el "quiere volar", los remeros noruegos, japoneses recogiendo basura y un pato (Merlín) con la camiseta de la Selección siguiendo a un niño y su mamá vendedora de aguas en la calle que acaparó la atención mundial, emerge el villano. Violentando las reglas a favor del equipo de su país, Trump dobla al obsecuente Infantino para permitir que un jugador estadounidense con tarjeta roja pudiera jugar el siguiente partido. Ante la ilegalidad, Bélgica se encargó de hacer justicia con una paliza de 4-1.

      Para el "Vasco" Aguirre, sólo gratitud. De las cenizas que le heredó Martino, cinceló un equipo en tiempo récord que ganó todos sus partidos en fase de grupos y derrotó a Ecuador en octavos de final, sin un gol en contra. A Rafa Márquez le deja un sedimento que él no tuvo, y a toda la estructura de la Federación Mexicana de Futbol y la Liga MX con Mikel Arriola a la cabeza, la interrogante de si van a hacer el esfuerzo de construir una Selección mundialmente competitiva, o al menos ser honestos y decirle a México que nunca sueñe con ganar el quinto partido, porque nuestro techo es el cuarto.

      Tan sólo al día siguiente de la derrota contra Inglaterra, sin haber recibido en Palacio a la Selección Nacional, la que durante 24 días proporcionó una alegría infinita sobre todo a millones de jóvenes, abruptamente regresamos a la deprimente realidad de la nota del "Mayo" y si el embajador Ken Salazar mintió o no al gobierno mexicano.

      Sin duelo por la pérdida frente a Inglaterra, ese repentino y brutal cambio de "chip", es lo que explica en forma contundente por qué los 4 goles de Quiñones, el cabezazo (con cirugía de cráneo) de Jiménez, el gol de Romo, los de Mateo y Fidalgo, nos hicieron vibrar con una incontenible emoción colectiva. Fue la forma de construir por breve tiempo la realidad alternativa de un cielo compuesto de gozo y alegría, frente al insoportable y reiterado infierno de la polarización, corrupción y violencia en que seguimos hundid@s l@s mexican@s.