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Veintitrés de abril

Por Alfredo Oria

Abril 24, 2026 03:00 a.m.

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La historia de los libros sobre vino es la historia de cómo una bebida milenaria ha sido pensada, clasificada y celebrada a través de la escritura. Desde tratados agrícolas de la Antigüedad hasta guías contemporáneas de consumo, la literatura vinícola ha evolucionado al ritmo de la propia cultura del vino, reflejando cambios técnicos, comerciales y sociales.

Los primeros textos relevantes se remontan al mundo clásico. Autores como Plinio el Viejo, de quien ya nos ocupamos en esta columna, o el gaditano-romano Columela ya dedicaban páginas a la viticultura y la elaboración del vino en sus obras enciclopédicas. En ellas se describían variedades de uva, métodos de cultivo y técnicas de conservación, sentando las bases de una tradición escrita que combinaba observación empírica y saber práctico. Durante siglos, estos textos fueron referencia obligada en Europa.

En la Edad Media y el Renacimiento, el vino continuó apareciendo en tratados agrícolas y médicos, aunque sin constituir aún un género propio. Fue hasta los siglos XVII y XVIII cuando comenzaron a surgir obras más específicas, impulsadas por el desarrollo del comercio y la consolidación de regiones vinícolas. En Francia, por ejemplo, los primeros intentos de clasificación de vinos reflejaban ya una preocupación por el origen y la calidad, anticipando sistemas más complejos.

El siglo XIX marcó un punto de inflexión. Las revoluciones industriales, el comercio internacional y los avances enológicos propiciaron una mayor especialización. En 1855, la célebre Clasificación de Burdeos de Napoleón III consolidó la idea de jerarquías vinícolas, que pronto se reflejarían en publicaciones. Los libros comenzaron a incluir mapas, catálogos y descripciones detalladas de regiones, bodegas y estilos. El vino dejaba de ser sólo un producto de consumo para convertirse en objeto de conocimiento sistemático.

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Durante el siglo XX, la literatura sobre vino vivió una auténtica explosión. Críticos, periodistas y escritores transformaron la manera de hablar y escribir sobre ello. Figuras como Hugh Johnson, Jancis Robinson, Karen Macneil, Emile Peynaud o, desde la revolución mercadocrítica, Robert M. Parker Jr., popularizaron material didáctico y guías accesibles al gran público, introduciendo sistemas de puntuación y un lenguaje descriptivo que influyó en consumidores y productores. Libros como The World Atlas of Wine (el más vendido de la historia), The Oxford Companion to Wine, Wine Grapes, The Wine Bible o Le Gout du Vin marcaron un antes y un después en la divulgación, combinando rigor técnico con claridad visual.

Al mismo tiempo, surgieron enfoques más culturales y literarios. El vino empezó a ser tratado como fenómeno social, histórico e incluso filosófico. Obras contemporáneas exploran su relación con el territorio, la identidad y la gastronomía, ampliando el alcance de la literatura vinícola más allá de la cata y la técnica.

En el siglo XXI, la digitalización ha transformado el acceso a la información, pero los libros sobre vino mantienen su relevancia. Desde manuales para principiantes hasta estudios especializados, siguen siendo herramientas fundamentales para entender un universo siempre complejo. Incluso existen varios galardones que premian a los mejores libros sobre vino cada año.

Otro tema es la presencia del vino en la literatura. Aquí hablamos de una historia tan antigua como la propia escritura, desde el Poema de Gilgamesh hasta la época del los Nobel, pasando por Homero, Horacio, la Biblia, Cervantes, Shakespeare, etc. En estos términos, vino equivale a civilización y cultura. En las páginas de estos libros hay una constante: el vino, además de beberse, también se piensa, se imagina y se escribe.

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