La IA acelera los fraudes
Un informe documentó 66 casos en Estados Unidos en los que se identificó o reportó el uso de inteligencia artificial

La inteligencia artificial permite crear voces e imágenes falsas para hacer más creíbles los intentos de fraude. Imagen ilustrativa.
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Los estafadores ya utilizan inteligencia artificial para crear mensajes, imitar voces y adaptar sus engaños a distintas víctimas. El cambio no consiste solo en hacer más creíble un fraude: algunas herramientas permiten repetir y ajustar intentos a una escala que antes exigía mucho más trabajo humano.
La empresa de verificación de identidad Incode reunió 66 casos de fraude vinculados con IA en Estados Unidos. En 44 de ellos, señala, el método utilizado quedó documentado; los restantes incluyen reportes creíbles cuyo uso preciso de la tecnología no se ha confirmado por completo. La cifra corresponde a los casos recopilados para el informe, no al total de fraudes cometidos en el país.
El riesgo aumenta cuando un sistema puede buscar información sobre una posible víctima, generar una comunicación convincente y modificar su respuesta conforme avanza la conversación. Entre las técnicas identificadas se encuentran la suplantación de identidad, el uso de contenido sintético y los mensajes diseñados para obtener datos o inducir pagos.
La dimensión económica todavía es una proyección, no una pérdida registrada. Deloitte estimó que los fraudes facilitados por inteligencia artificial generativa en Estados Unidos podrían ocasionar pérdidas por 40 mil millones de dólares en 2027, frente a los 12 mil 300 millones calculados para 2023. La consultora advirtió que el resultado depende de cómo se extienda el uso de estas herramientas.
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El texto difundido sobre el tema también relata accesos no autorizados atribuidos a agentes de IA en sitios públicos. Esos incidentes son distintos del fraude financiero: muestran riesgos en el comportamiento de sistemas autónomos, pero no deben sumarse a los 66 casos de Incode ni presentarse como si todos hubieran robado dinero. Un análisis de Transluce vinculó actividad de agentes con consultas e intentos de acceso a plataformas de datos; el alcance y la responsabilidad de cada episodio requieren examinarse por separado.
Para los usuarios, la consecuencia práctica es que una voz familiar, una imagen convincente o un mensaje bien escrito ya no bastan para comprobar una identidad. Antes de transferir dinero o compartir datos, conviene contactar a la persona o institución mediante un número o canal obtenido de forma independiente del mensaje recibido.
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