BÚSQUEDA INFINITA
Una lectura visual de la desaparición en México por Solo María
Galeria
Las muñecas de porcelana permanecen suspendidas en un gesto que no avanza ni se detiene del todo. Algunas se inclinan hacia la tierra, otras parecen quedar atrapadas en el instante previo a excavar. No hay resolución en la escena, solo una continuidad que se repite sin cierre.
La imagen forma parte de Las que buscan, exposición de la artista Solo María, presentada en el marco del Festival Creadoras Visuales del Instituto Potosino de Bellas Artes, la muestra se encuentra en la Galería 5 del Centro de Difusión Cultural "Raúl Gamboa".
En las ilustraciones, la tierra no funciona como escenografía. Es un material que organiza la lectura de la obra. Las figuras construyen una experiencia de búsqueda que permanece abierta. "Me interesaba construir un espacio donde la ausencia se sintiera física, no solo como idea", explica la autora.
UNA CRISIS QUE ATRAVIESA EL PAÍS
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México vive una crisis de desaparición que se intensificó a partir de 2006, con el inicio de la llamada guerra contra el narcotráfico. Desde entonces, el país acumula más de 132 mil personas desaparecidas. Detrás de cada caso hay una red de personas que sostienen la búsqueda en condiciones de incertidumbre e impunidad. Madres, hijas, esposas, hermanas y abuelas mantienen la exigencia de respuestas en medio de un contexto que no se detiene.
En ese escenario, la exposición no busca representar la violencia de forma directa, su apuesta es desde lo simbólico. Las figuras de porcelana aparecen como cuerpos frágiles que insisten en una misma acción. "No quería reproducir el horror explícito ni hacer imágenes que dependieran del impacto visual", señala la artista. "Trabajé desde la insinuación, la repetición y la ausencia".
La obra se construye desde una lógica de fragmento, esa estructura responde también a la naturaleza del fenómeno que aborda: una realidad marcada por la incertidumbre, donde lo único constante es la búsqueda.
DEL PERIODISMO A LA IMAGEN
El proyecto surge del trabajo que la autora ha realizado durante años como periodista, documentando casos de desaparición en distintas regiones de San Luis Potosí. Ese acercamiento permitió el registro y la escucha, también evidenció los límites del lenguaje informativo para dar cuenta de otras dimensiones del fenómeno.
"La sensación del tiempo detenido, el desgaste emocional, la repetición de ciertos gestos, la forma en que la ausencia modifica incluso los espacios cotidianos... todo eso me costaba mucho traducirlo desde la escritura periodística", explica. "Con la imagen encontré otra forma de hablar de eso. El símbolo permite condensar emociones y contradicciones que a veces no caben en una nota o en un testimonio directo".
En ese tránsito entre disciplinas, la exposición se posiciona en un punto intermedio entre documento y representación. No abandona el origen testimonial del tema, pero lo desplaza hacia una lectura donde la experiencia emocional y la memoria adquieren un peso central. El resultado no busca explicar el fenómeno, sino abrirlo a otra forma de percepción.
LAS MUÑECAS COMO
CUERPO SIMBÓLICO
Las muñecas de porcelana ocupan el centro de la exposición. Asociadas comúnmente con la infancia, el cuidado o la memoria doméstica, aquí aparecen desplazadas hacia un territorio inquietante. Su fragilidad convive con una persistencia que no se interrumpe, son figuras pasivas que permanecen en acción.
"Son frágiles, pero al mismo tiempo permanecen", describe la artista. En esa tensión entre vulnerabilidad y resistencia se construye una de las claves visuales del proyecto.
Aquí las muñecas funcionan como un dispositivo de extrañamiento. Lo familiar se vuelve incómodo, lo doméstico se desplaza hacia un territorio donde la infancia deja de ser refugio y se convierte en umbral. En ese quiebre, la obra abre una lectura sobre cómo la violencia también atraviesa los símbolos del cuidado.
MIRAR SIN ESPECTÁCULO
En un entorno saturado de imágenes de violencia y cifras que circulan de manera constante, la exposición propone otro ritmo de lectura. No se apoya en el impacto ni en la exposición directa del horror, sino en la repetición y la insinuación como forma de aproximación.
"Me interesa que quien entre pueda detenerse un momento y mirar distinto", dice la autora. "No busco que alguien salga entendiendo todo, pero sí que algo se quede".
La propuesta también dialoga con una preocupación ética sobre la representación. Evitar la espectacularización del dolor implica buscar otros mecanismos visuales, donde la violencia no desaparece, pero tampoco se convierte en consumo inmediato. La insistencia en lo simbólico abre un espacio de distancia crítica sin borrar la realidad que la sustenta.
UNA AUSENCIA QUE PERMANECE
La desaparición, en esta propuesta, se construye como una condición prolongada, donde la ausencia se vuelve presencia constante a través de la repetición de gestos, la tierra removida y las figuras suspendidas en una acción sin término.
La muestra no ofrece cierre ni consuelo. Su recorrido deja una sensación de continuidad que no se resuelve al salir del espacio. La pregunta permanece abierta: qué significa mirar la desaparición cuando se ha convertido en parte del paisaje cotidiano del país.
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