Textiles indígenas guardan la memoria de los pueblos
Especialistas advierten riesgos para su permanencia

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Durante décadas, los textiles indígenas fueron asociados principalmente con la artesanía, el diseño o el atractivo turístico. Sin embargo, detrás de cada bordado, tejido o prenda existe un entramado de conocimientos que transmite la historia, la cosmovisión y la relación de los pueblos originarios con su territorio.
Esa fue una de las principales reflexiones que dejó la edición 2026 del Seminario Permanente Internacional Saberes de origen textil. Textiles indígenas en Abya Yala: epistemología, cosmovisión, identidad y resistencia, organizado por El Colegio de San Luis (COLSAN), donde especialistas de distintos países coincidieron en que el mayor desafío no es únicamente conservar los objetos, sino mantener vivos los saberes que les dan sentido.
LOS TEXTILES COMO CONOCIMIENTO
Para el historiador del arte y organizador del seminario, Eduardo Candelaria Ampacún, comprender los textiles como sistemas de conocimiento implica reconocer que cumplen funciones que en la tradición occidental se han atribuido principalmente a la escritura.
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Explica que estas piezas han servido durante generaciones para transmitir información sobre la organización del mundo, los ciclos agrícolas, los cuerpos celestes y el lugar que ocupan las personas dentro del universo. En ese sentido, afirma que los textiles son también dispositivos de memoria capaces de preservar conocimientos que han pasado de generación en generación.
La investigadora Claudia Rocha Valverde añade que esa mirada permite visibilizar conocimientos que históricamente han permanecido fuera de los modelos dominantes de producción académica. Señala que los pueblos indígenas y afrodescendientes han construido formas propias de comprender el entorno, la naturaleza y la vida comunitaria, pero esos saberes con frecuencia han sido relegados frente a perspectivas provenientes del norte global.
UN PATRIMONIO AMENAZADO
Los investigadores coinciden en que ese patrimonio enfrenta amenazas cada vez más complejas. Rocha Valverde considera que el mercado global y las tecnologías digitales han facilitado la apropiación de diseños, símbolos y elementos identitarios sin consultar ni reconocer a las comunidades creadoras.
Advierte que esta práctica no solo afecta la producción textil, sino que reproduce procesos históricos de discriminación y racialización que invisibilizan el origen de esos conocimientos. La facilidad con la que hoy pueden copiarse y difundirse motivos textiles incrementa un problema que anteriormente requería el contacto directo con las comunidades.
Aunque la apropiación cultural representa uno de los riesgos más visibles, los especialistas insisten en que la pérdida de un textil implica mucho más que la desaparición de una técnica artesanal. Cada prenda forma parte de un sistema cultural que involucra el territorio, los rituales, la música, la tradición oral y las formas de organización comunitaria.
Desde esa perspectiva, modificar el entorno también transforma los significados que los pueblos atribuyen a sus tejidos. Rocha Valverde ejemplifica que cuando desaparecen espacios naturales con valor simbólico, como manantiales o montañas, también pueden alterarse las ceremonias, las danzas, la vestimenta y las narraciones que durante generaciones dieron sentido a esos lugares.
DISTINTAS FORMAS DE ENTENDER EL TEXTIL
El seminario permitió ampliar la mirada hacia distintos territorios de Abya Yala. Para Candelaria Ampacún, ese cambio hizo posible identificar puntos de encuentro entre pueblos de regiones muy diferentes. Aunque cambian las fibras, los materiales o las técnicas empleadas, los textiles mantienen una función semejante como vehículos de la cosmovisión y de la identidad colectiva. Mientras en los Andes predominan las fibras de camélidos y en Mesoamérica el algodón, en ambos casos las prendas expresan formas particulares de comprender el mundo y de relacionarse con el entorno.
La incorporación de investigadoras, artesanas, conservadores y portadores de tradición también enriqueció el diálogo académico. Giovanna María Aldana Barahona explica que el intercambio permitió reconocer que el estudio de los textiles no puede limitarse a una sola disciplina ni a la investigación universitaria. La práctica textil involucra conocimientos técnicos, experiencias comunitarias, historia, conservación y creación artística, además de abrir nuevas líneas de investigación sobre fibras, procesos de teñido y otras expresiones textiles poco estudiadas en distintos países de América Latina.
Las respuestas obtenidas durante el seminario también evidenciaron vacíos importantes. Candelaria Ampacún recuerda que, en algunos países, las instituciones destinan pocos recursos para investigar textiles que continúan en uso porque se considera que todavía no constituyen patrimonio en riesgo. A su juicio, esa lógica resulta problemática, pues retrasa el estudio de manifestaciones culturales que permanecen vivas y cuyo conocimiento podría perderse antes de ser documentado. Asimismo, identificó que los procesos políticos y territoriales que viven algunos pueblos indígenas también condicionan la investigación sobre su patrimonio cultural.
PRESERVAR LOS SABERES
Los especialistas consideran que la preservación requiere una participación activa de las propias comunidades. Rocha Valverde sostiene que la academia debe acompañar estos procesos mediante metodologías colaborativas que permitan a los pueblos decidir qué elementos consideran parte de su patrimonio y cómo desean protegerlos. También plantea que las leyes deben ir acompañadas de planes de salvaguarda construidos junto con las comunidades para evitar que el reconocimiento jurídico quede únicamente en el papel.
Al concluir el seminario, los investigadores coincidieron en que el principal reto consiste en dejar de mirar los textiles únicamente como objetos decorativos. Consideran necesario entenderlos como expresiones vivas de culturas que mantienen una relación permanente con su territorio, sus formas de organización y sus conocimientos. También hicieron un llamado a fortalecer el trabajo interdisciplinario y a impulsar políticas públicas que apoyen a las familias dedicadas al trabajo textil, faciliten el acceso a materias primas y promuevan la continuidad de estos saberes entre las nuevas generaciones. Solo así, señalaron, será posible preservar un patrimonio que sigue construyéndose todos los días en las comunidades indígenas de América Latina.
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