De individuos (I)
El nuevo innombrable tiene ahora 72 años que se le notan y es originario de Tabasco. Su legado a México es devastador.
¿Podemos prever algo similar en lo que dejará Putin a Rusia, así como Trump a Estados Unidos y al mundo? Hoy internet y los análisis periodísticos rebosan de exploraciones sobre los tres y sus posibles trastornos mentales o antisociales.
Ellos inquietan y afectan más que otros, lo cual genera interés global... pero hoy prefiero ocuparme de un mexicano admirable y mucho más estimulante: Antonio Ortiz Mena (1907-2007), el destacado abogado, economista y político originario de Parral, Chihuahua. Al recoger aquí este perfil de interés general en dos entregas, nos damos un pequeño respiro del cochinero actual.
Las fuentes son diversas; principalmente: E. Krauze, Antonio Ortiz Mena: El presidente que no fue, Reforma, febrero 28, 1999. Con todo, la selección y edición fueron responsabilidad mía; las inferencias e interpretaciones son también de este escribano.
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Estudió en la Escuela Nacional Preparatoria y en la UNAM, donde se graduó de licenciado en Derecho. Tuvo una extensa experiencia como abogado litigante, fue pasante en un bufete jurídico y estableció su despacho privado.
Se formó en la defensa legal de organismos públicos y personas físicas o morales, además de que adquirió experiencia financiera con cargos en el sector bancario. Tal como señala Krauze: este sagaz abogado no sólo acreditó probidad, inteligencia y experiencia, sino que aprendió economía en la práctica. Veo yo que con equivalencias de postgrado y sin necesidad de títulos académicos.
Se volvió un economista notable, lo que no lograron después los presidentes Echeverría y López Portillo, que quisieron actuar como economistas y pretendieron serlo, pero entregaron desenlaces lamentables.
Fue secretario de Hacienda y Crédito Público a lo largo de los sexenios consecutivos de Adolfo López Mateos y Gustavo Díaz Ordaz (1958-1970), cuando tuvo lugar el celebrado período del desarrollo estabilizador, también apodado "el milagro mexicano", de alcances extraordinarios: el ingreso per cápita creció 3.4% anual durante 12 años; el crecimiento del PIB alcanzó un promedio superior al 6% anual, y la inflación estuvo por debajo del 2.5%. Ha sido la época más próspera de nuestra historia económica.
Se caracterizó por finanzas públicas sanas; estabilidad en el tipo de cambio y las reservas internacionales; utilización del crédito externo en proyectos productivos y autofinanciables; fortalecimiento de la infraestructura de energía y comunicaciones; mejora de la planta industrial con inversión extranjera, e ingreso de millones de mexicanos a la clase media. En fin, la estabilidad monetaria y cambiaria contribuyó a lograr un crecimiento sostenido de la economía y de los salarios reales.
Al final de su histórica gestión se le consideró por primera vez como posible candidato presidencial del PRI; de hecho, era la opción para continuar los avances económicos, aunque en la decisión prevalecieron factores políticos y sociales tras la masacre de 1968. Renunció tres meses antes de la llegada del presidente Echeverría en 1970, y en los años siguientes la economía se fue a pique en "la docena trágica", como veremos aquí la próxima semana.
Poco después de su salida de Hacienda, don Antonio es elegido presidente del BID, el importante Banco Interamericano de Desarrollo con sede en Washington, donde permaneció 17 años hasta 1988. En su largo período los préstamos se multiplicaron diez veces y concentró buena parte de sus esfuerzos en apoyar proyectos fundamentales.
Finalmente, fue director de Banamex al final del lapso de la banca nacionalizada (1988-1991), en paralelo a la recuperación de la confianza de la inversión privada. Y se retiró de la vida pública.
¿Los grandes avances que logró podrían ser borrados por otros individuos a lo largo de años y décadas?
Verán ustedes que en este tema hay mucho más... Y continuaremos el próximo sábado 2 de abril.
* RESULTA DE ESPECIAL INTERÉS el caso de Hungría como muestra del derrumbe electoral de un prolongado populismo autocrático, pero en Europa aún tienen contrapesos y los demagogos no han alcanzado a destruir el sistema democrático, como sí ha sucedido en Venezuela o México. Hubo un derrumbe interno que muchos quieren vislumbrar acá por las incongruencias y fisuras del continuado obradorato, si bien eso requerirá tiempo y apoyo de una oposición activa.
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