Don Franco Baresi
Tras su fallecimiento, rivales y aficionados destacaron su clase y legado en el deporte.

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Muchos jóvenes tal vez se preguntaron en días recientes quién fue ese defensor italiano al que todo el mundo deportivo rindió homenaje tras su partida. Se trata nada menos que de Don Franco Baresi, uno de esos futbolistas en peligro de extinción que pertenecieron a un solo equipo. Y no solo eso: fue el gran capitán del que, para muchos —incluyéndome—, ha sido el mejor equipo de todos los tiempos: el Milan de Arrigo Sacchi (aunque ese será tema para otra columna).
L´Eterno Capitano, como se le apodaba, debutó en el Milan a los 17 años y ganó el scudetto al año siguiente. Pese a que poco después le tocó descender y jugar dos temporadas en la Serie B, su carrera dio un salto exponencial con la llegada del técnico Nils Liedholm, quien le enseñó los secretos de la posición de líbero, un rol que el propio Baresi perfeccionaría a partir de 1987 de la mano de Sacchi. Baresi se convirtió en el director de orquesta desde la zaga, liderando una línea defensiva legendaria junto a Paolo Maldini, Alessandro Costacurta y Mauro Tassotti.
Tras la marcha de Sacchi, Fabio Capello tomó el testigo en una transición perfecta, manteniendo la misma línea táctica y conquistando cuatro scudettos y una Champions League tras aquella histórica final contra el Barcelona. Franco permaneció en el club rossonero durante 20 temporadas consecutivas y disputando más de 700 partidos oficiales, hasta su retiro en la cima durante la campaña 1996-97, posteriormente unos meses después el club toma la decisión de retirar la camiseta número 6 en su honor.
Su sensacional trayectoria nunca fue recompensada con el Balón de Oro (se quedó con el de Plata en 1989, solo por detrás de su compañero Marco van Basten). Sin embargo, junto a Franz Beckenbauer, Baresi siempre ha sido considerado uno de los dos mejores centrales de la historia. Incluso en Italia —tierra fértil de leyendas defensivas— y en el propio Milan, él fue el capitán indiscutible por encima de un tal Paolo Maldini, lo cual no es cosa menor.
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Hablamos de un jugador limpio, eficaz y sumamente elegante. Un líder con una inteligencia táctica tal que obligó a modificar las reglas del fuera de lugar para contrarrestar su achique perfecto. Imposible olvidar aquel partido contra el Nápoles donde el mismísimo Diego Armando Maradona se acercó a pedirle su camiseta y no al revés, reconociéndolo en la entrevista pospartido como el mejor defensor del momento. Incluso, siendo jugador en la Serie B, ya se había proclamado campeón del mundo en España 1982.
Baresi completó el podio en los tres Mundiales que disputó: campeón en España 82, tercer lugar en Italia 90 y subcampeón en Estados Unidos 94. Fue precisamente en esa final contra Brasil donde firmó la actuación defensiva más perfecta jamás ejecutada por un central. A sus 34 años y tras operarse del menisco apenas 22 días antes, saltó al campo bajo un calor sofocante de 40 grados para dar una cátedra absoluta. Su penal fallado y las lágrimas de un león al terminar el encuentro solo contribuyeron a inmortalizarlo en el Olimpo del fútbol.
Tras su fallecimiento, las muestras de afecto llegaron desde todos los rincones del planeta. Una de las más emotivas vino de su rival en aquella final del 94, Romário, quien declaró: "Puedo decirlo con certeza: fue el jugador más difícil al que me enfrenté en mi carrera... Estaba en otro nivel, uno de los mejores centrales de la historia".
Una lástima su partida; dudo que las nuevas generaciones vuelvan a ver a un central con ese nivel de clase, elegancia y lectura de juego. Parecía un académico jugando al fútbol, pero en realidad era un coloso indestructible en el área.
Descanse en paz, Franco Baresi, L´Eterno Capitano.










