Familia y escuela Capítulo 312: somos únicos e irrepetibles, ¿la educación lo sabe?
"La unicidad es la cualidad de ser único, singular, distinto o irrepetible, sin que exista otro igual en su especie. Se aplica a individuos o elementos para destacar que poseen una característica distintiva que los diferencia del resto. Es un concepto fundamental para definir y crear la identidad personal" (IA)
Desde hace mucho tiempo uno de los principios básicos de la educación y formación de los seres humanos hacia el construir su personalidad, era precisamente el de la unicidad, entendiendo que todos somos diferentes, tanto en características fisiológicas, así como en elementos y prácticas socioculturales, psicológicas y hasta en las acciones desarrolladas individual o grupalmente como es el caso de las familias.
Es por ello, que el crecimiento y desarrollo de cada persona se apreciaba de diferentes maneras, a distintos ritmos y adecuado a la diversidad de contextos en donde se convivía. Entendiendo lo anterior, la educación se proponía impulsar los conocimientos, habilidades, ideas, acciones y todas las herramientas que se necesitasen para construir, en cada uno, su propia e irrepetible personalidad.
Si bien es cierto que existen universales culturales, así como conocimientos, valores, costumbres y acciones mínimas establecidas para cualquier persona, como cualidad indispensable para considerarse habitante de una comunidad en donde se comparten códigos y reglas de interacción social; aún con todo ello, cada individuo tiene ritmos distintos de apropiarse, aprender y entender cada una de ellas, incluso, practicarlas de manera diferente según la forma en cómo fueron enseñadas.
¡Sigue nuestro canal de WhatsApp para más noticias! Únete aquí
Por ejemplo: para aprender a caminar no se tenía un plazo establecido, ni mucho menos se tenía una calificación de lo rápido o lento que se desarrollaba, claro está, salvo que se mostrara daño neurológico o fisiológico; lo mismo ocurre con los ritmos en los que una persona aprende tal o cual conocimiento, porque habrá gente que aprenda y comprenda de manera inmediata y otros que lo hagan posterior o, incluso, no lo hagan.
Por todo ello y considerando la complejidad para formar, educar y atender a niños y jóvenes con características y ritmos de aprendizaje enteramente diferentes, la dinámica social y la misma educación ha venido segmentando y clasificando a las personas, no por ser diferentes o porque tengan carácterísticas únicas, sino por su desarrollo y conductas de manera polarizada y estandarizada: bueno o malo, burro o inteligente, aprobado o reprobado, feo o bonito, blanco o negro, capaz e incapaz, burgueses y proletarios y muchas otras clasificaciones más.
Para la educación escolarizada y la formación familiar, el concepto de unicidad, es decir, el considerar a cada alumno de acuerdo con su propia especificidad y características personales realmente ha desaparecido y, por el contrario, ha resultado más práctico y fácil generar reglas, patrones de conducta, programas y límites educativos, líneas de desarrollo y crecimiento personal preestablecidas y hasta la configuración de objetivos para alcanzar el éxito: "estudias, te gradúas, trabajas, tienes pareja, bienes materiales como un televisor de 100 pulgadas, un auto de lujo, una casa y ya! Eres feliz".
En el anterior esquema lineal para la obtención del éxito se representa la forma en que el entramado social ha resuelto y a la vez reducido las divergencias que cada quien posee, así como las dificultades de educar a seres todos ellos diferentes entre sí y, ahora, introduciendo a la gran riqueza y potencial personal en "un recipiente" en donde se lleva a cabo una mezcla que convierte a todos ellos en un producto elaborado con el mismo molde.
No son pocos los que han comparado a la formación familiar y la escolarizada con grandes empresas industriales, dentro de las cuales se tiene a hijos y alumnos como una materia prima lista y preparada para atenderla en grandes líneas de producción para lograr fabricar como producto una "figurilla de acción" programada con las características deseadas, movimientos mecánicos y limitados al servicio de quien la quiera manejar.
Dentro de esas grandes empresas industriales se tiene un completo diseño de control de calidad, mediante padres de familia, profesores, supervisores y demás trabajadores, quienes se encargan de que el proceso de producción se lleve a cabo de manera estricta, adecuada y conforme a los estándares que proclaman que todos los egresados e hijos de las familias tengan las mismas características: idéntica forma de pensar y resolver situaciones, acciones, conocimientos mínimos, aprobados incluso por exámenes internacionales y con el dominio del segundo idioma elegido, no por ellos, sino por quien decide sobre los planes y programas de estudio oficiales.
Tal como se lleva a cabo en las empresas, y en analogía con los procesos educativos, los productos que no cumplen con los estándares de calidad son desechados; en algunos casos son reutilizados y regresados al proceso, pero otros, definitivamente son abandonados a su suerte, como ocurre con los reprobados, por no cumplir con las reglas para que actúen y brinden los mismos resultados y características que los demás.
En el proceso y desarrollo de una persona, bajo los preceptos formativos familiares y escolares, el ser diferente y no realizar las mismas acciones por las mismas rutas y caminos preestablecidos se critica, se castiga, discrimina y se limita, se reprueba y desecha, es símbolo de vergüenza y hasta de burla.
Inexorablemente, se están enterrando acciones tan valiosas como la innovación, la creatividad, la producción de ideas renovadoras y los proyectos asombrosos que dependen de las mentes que se liberan de las líneas estandarizadas y se proponen ser únicos y diferentes.
Mientras tanto, seguimos jugando con esas "figurillas de acción" como estereotipo peliculesco de éxito; en lugar de apreciar y fomentar la unicidad en nuestros hijos y alumnos.
Comentarios: gibarra@uaslp.mx





