Semana santa y la violencia no cesa
“No envidies a la gente violenta,
ni escojas ninguno de sus caminos”.
Proverbio 3:31
Durante la celebración del pasado Domingo de Ramos, el Papa León XIV denunció la violencia y lanzó un llamado firme a detener las “guerras”, al afirmar que Dios no puede ser utilizado para justificar enfrentamientos.
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Acá estamos coexistiendo con nuestras propias intestinas guerras, un nuevo orden y dinámicas criminales más violentas, no diría inauditas, pero sí, más actos crueles que hacen pensar que estamos anclados en un lodazal sangriento e irracional que nos chupa irremediablemente.
Vastas regiones del país con zonas letales de altísima violencia no medible más allá de algunas mágicas -Carpetas de Investigación- que medio logran documentar el hecho delictivo.
Están erradamente midiendo delitos (estadísticas cuchareadas), más no así la violencia, esa que modifica patrones de conducta y convivencia en las comunidades y pueblos, esas luchas intestinas entre grupos criminales que por días se “tiran” y “pelotean” con todo, en cañadas, montes y sierras del México profundo y salvaje.
Esa violencia que no se comenta, que se mantiene en un mutismo generalizado y que hasta resulta altamente peligroso preguntar o intentar averiguar sobre la violencia. Bueno, que tan violentos seremos como nación, que hasta una madre buscadora sufre violencia y a veces mortal, por buscar a sus seres queridos desaparecidos y no localizados (132 mil según el gobierno). Y qué decir de periodistas de investigación, defensores de derechos humanos o lideres religiosos.
Violencia que ha forzado el desplazamiento interno de comunidades, pueblos y comunidades fantasmas que ahí están en la geografía criminal mexicana. La violencia de la leva criminal de niños, niñas y adolescentes, que parece no cesar, ese nutrimiento de la juventud mexicana al crimen, para su sostenimiento de las “bajas” por riesgos de trabajo criminal.
Indicadores de paz que rayan en la ofensa, no captan que existe una ordenanza criminal organizada, que hace un engranaje bien aceitado desde el “halconcillo”, sí, ese chaval que junto con otros más y sus celulares juegan un rol de violencia inicial, con ellos y sus productos de información empieza la violencia duradera por décadas. El primer escalón de su carrera, su iniciación y su bautismo criminal, y de ahí pal´ real. Se consolida la depredación juvenil y la violencia.
TAPANCO: Se están formando actores, regiones y métodos efectivos de producción de la violencia, y no se han dado cuenta, entre tanto siguen con políticas de seguridad nostálgicas del siglo pasado.
Jueves de lavatorio, de la última cena con los apóstoles y de traiciones violentas extendendida más de dos mil años…En el transcurso de la cena, ya el diablo había puesto en el corazón de Judas Iscariote, hijo de Simón, la idea de entregarlo”.
X @franciscosoni









