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De cuatro a más de mil voces

El contingente recibió muestras de apoyo de los "afectados"

Por Samuel Moreno

Octubre 14, 2026 03:00 a.m.

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De cuatro a más de mil voces
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      Hay coberturas periodísticas que terminan mucho después de guardar la libreta y apagar la cámara. La de este martes 13 de octubre fue una de ellas. Junto a mi compañero reportero gráfico Alberto Martínez, llegué a Plaza Sendero, sobre la carretera 57, para documentar la marcha de trabajadores del IMSS. Eran las 13:50 horas y apenas cuatro personas aguardaban con pancartas, pero con una convicción que no cabía en ese pequeño grupo: "Se hace porque se hace nuestra manifestación, así seamos cuatro o mil".

      Venían de sus jornadas, algunos incluso después de doblar turno y aun así estaban ahí para exigir mejores salarios, prestaciones, jubilaciones dignas y medicamentos e insumos suficientes.

      Nos ofrecieron una botella de agua con una sonrisa. Aquel gesto, tan sencillo, me acompañó durante el recorrido. Dedican su vida a cuidar a los demás y en medio de sus propias carencias, se preocuparon por nosotros.

      Poco a poco llegaron sus compañeros de distintas clínicas y unidades médicas. Los cuatro se convirtieron en quince, después en cincuenta y, finalmente, en más de mil trabajadores. A las 15:15 horas, el contingente avanzó por el lateral de la carretera 57 rumbo al Distribuidor Juárez. Había médicos, enfermeras, personal de distintas áreas, jubilados y pensionados. Algunos llegaron en bicicleta; otros, en silla de ruedas. Cada rostro parecía contar una historia de años de servicio y de exigencias sin respuesta.

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      Algo sorprendente fue que en lugar de los reclamos que suelen acompañar las marchas por las afectaciones viales, hubo automovilistas, traileros y policías que aplaudieron y expresaron palabras de agradecimiento. Quizá porque muchos recuerdan aquellos meses de incertidumbre durante la pandemia de Covid-19, cuando el personal médico estuvo en primera línea.

      Mientras caminaba recordé mi primera consulta consciente, cuando tenía ocho años. No recuerdo el nombre de la doctora, pero sí la seguridad que me transmitió. Esa sensación permanece conmigo y me hizo pensar en cuántas personas han encontrado tranquilidad en manos de quienes marchaban.

      En medio del calor y el cansancio, algunos trabajadores contaron que ante la falta de materiales, han tenido que comprar de su bolsillo gasas, jeringas o vendas. También que, en ocasiones, los insumos disponibles deben repartirse entre varios pacientes. 

      La protesta tuvo, además, reclamos contra el dirigente nacional del sindicato, Rafael Olivos Hernández, cuya renuncia exigieron los manifestantes, junto con la convocatoria a un Congreso Nacional Extraordinario. Cuestionaron el aumento salarial directo al tabulador de 2.9% que atribuyen a la negociación sindical.

      En la caminata también fue inevitable pensar en los gobiernos que han pasado por el país y en las promesas que, sexenio tras sexenio, se repiten desde distintos partidos políticos. Hoy, con Morena al frente del Gobierno Federal y Claudia Sheinbaum Pardo como presidenta, permanece el reto de garantizar un sistema de salud digno, con medicamentos, insumos y condiciones laborales que permitan atender a la población. No se trata de ignorar los problemas heredados ni de responsabilizar a una sola administración por décadas de dificultades, sino de entender que gobernar también significa corregir aquello que no funciona.

      Las necesidades de los pacientes y las exigencias de quienes los atienden no pueden esperar a que cambie el gobierno, el partido o el discurso político; la salud no tiene colores y tampoco debería convertirse en promesa de campaña.

      Entendí que detrás de cada reclamo existe una responsabilidad pública que no puede postergarse. Los presupuestos, las decisiones administrativas y los acuerdos sindicales terminan reflejándose en la realidad de los hospitales, en un medicamento que falta o en un trabajador que debe pagar de su bolsillo los materiales para atender a un paciente.

      La marcha me dejó una reflexión: los gobiernos cambian, pero la necesidad de recibir atención médica digna permanece. Escuchar a quienes cuidan de nosotros no tendría que depender de la voluntad política, sino ser una obligación.

      La caminata continuó por Universidad hasta la Alameda. Desde ahí, el contingente avanzó por Manuel José Othón, el Templo del Carmen, San Juan de Dios, Álvaro Obregón y avenida Reforma. Tomó Venustiano Carranza y Tomasa Esteves, para seguir por Cuauhtémoc y llegar al recinto sindical del IMSS. A lo largo de la ruta, otros contingentes se incorporaron a la altura de la Central General de Transportes Terrestres Potosinos y del Distribuidor Juárez.

      Al llegar al destino, algo cambiado en mi manera de mirar aquella jornada. No eran solamente trabajadores exigiendo derechos ni una manifestación más en las calles de San Luis Potosí. Eran personas que, después de años de cuidar vidas, pedían que alguien escuchara las suyas.

      La salud no comienza cuando entramos a un consultorio ni termina al salir de un hospital. Depende de que quienes nos atienden tengan herramientas, condiciones dignas y la certeza de que su esfuerzo importa.

      Cuatro personas bastaron para levantar la voz; más de mil terminaron acompañándolas. Y entre todas dejaron una pregunta que no debería olvidarse: ¿cómo podemos aspirar a una sociedad sana si quienes cuidan de nosotros tienen que salir a la calle para pedir lo indispensable?