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Crónica | El pueblo se harta y toma el Congreso

Bancada del Verde huye del salón de plenos

Por Ana Paula Vázquez

Junio 24, 2026 03:00 a.m.

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Crónica | El pueblo se harta y toma el Congreso
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      Lo que comenzó como una marcha ciudadana hacia el Congreso se convirtió en una advertencia directa sobre el actuar de las y los legisladores potosinos.

      Era martes y el Centro Histórico apenas despertaba cuando la Alameda Juan Sarabia se llenó de pasos, carteles y voces. Desde ahí avanzó la movilización encabezada por la abogada Natalia Castillo: una columna humana que cruzó calles hasta detenerse frente al Congreso, como si la ciudad hubiera cambiado de dirección.

      El motivo era una reforma bautizada como "Ley Serrano", señalada como un intento de regular la libertad de expresión a partir del uso de inteligencia artificial. Pero en la calle, el argumento jurídico se mezclaba con algo más: enojo, cansancio y urgencia.

      En Plaza de Armas, alrededor de 150 personas levantaban cartulinas con nombres y señalamientos directos. El del diputado Héctor Serrano Cortés aparecía una y otra vez como eje del reclamo. Había de todo: taxistas, madres buscadoras, víctimas de violencia institucional, comunicadores y ciudadanos. No parecía una sola causa, sino varias acumuladas.

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      Adentro, el Congreso seguía su ritmo. Una comisión legislativa avanzaba con al menos diez diputados, mientras desde el exterior la protesta se observaba con distancia. No hubo posicionamientos inmediatos.

      Al término de la sesión, el tema cruzó las puertas. A Serrano Cortés se le preguntó por la movilización. Respondió de forma breve y calificó el movimiento como político. Señaló al alcalde Enrique Galindo Ceballos como parte de una supuesta operación de desprestigio. Defendió "su" reforma y dijo respetar las opiniones distintas, siempre que no deriven en violencia.

      Pero la tensión ya no estaba afuera.

      En el Pleno las diputadas Gabriela López de Morena y Roxanna Hernández del PVEM, protagonizaron un choque verbal mientras el Congreso intentaba mantener el orden.

      López Torres pidió diálogo y evitar criminalizar la protesta. Hernández Ramírez respondió desde el acceso bloqueado y del intento de ingreso entre la multitud. Afirmó haber sido agredida. "Había personas alcoholizadas y drogadas", señaló desde el presidium, mientras el recinto permanecía dividido.

      La entrada principal del Congreso permaneció cerrada varias horas. El acceso fue desviado a 5 de Mayo, por donde entraban legisladores y personal como si se tratara de un edificio distinto al de la plaza.

      Natalia Castillo y la comunicadora Anahí Torres intentaron abrir un diálogo con la comisión, sin éxito.

      Hacia media mañana, la puerta principal cedió. Fue un quiebre. Los manifestantes ingresaron y el ruido de la calle se instaló en los pasillos y las paredes del Congreso. La bancada del PVEM salió casi de inmediato. Legisladores de Morena, PAN, PRI y Nueva Alianza permanecieron observando la protesta.

      Dentro, el orden cambió de manos. Los micrófonos dejaron de ser institucionales. Seis personas tomaron la palabra y convirtieron el recinto en una extensión de la plaza. No hablaron en abstracto: nombraron, acusaron y recordaron. "Ustedes son nuestros empleados. Ni un voto más. No vamos a olvidar", lanzaron.

      Entre las exigencias apareció también la solicitud de comparecencia de la fiscal Manuela García Cázares, acusada de omisiones en investigaciones. Los manifestantes advirtieron que no será la única protesta.

      Al final, Natalia Castillo tomó la palabra. Habló como abogada, pero también como voz de una exigencia que no parece agotarse. Dijo que la movilización no se detendría con advertencias ni con puertas cerradas. "La gente ya despertó", dijo. Sin alzar la voz.

      Afuera, la ciudad siguió su curso. Adentro, algo había cambiado.